Capítulo 7

1656 Worte
Zerah Después de lo que pareció una eternidad, regresé a la casa. El frío de la noche ya se había filtrado en mi piel cuando entré, pero la escena que tenía delante pareció disiparlo. En la sala de estar encontré a mis dos chicos charlando animadamente; la preocupación que habían mostrado antes había desaparecido por completo. Mis hermosos chicos. Una calidez me invadió al verlos. Ojalá eso fuera todo lo que sentía, de no ser por esta nueva ansiedad que me atenazaba. No podía perderlos. Ellos eran mi única razón para vivir, mi único consuelo ante el dolor de aquellos años. El tiempo pasó volando. Poco después de la cena, los arropé en la cama antes de dirigirme a mi habitación. Un pesado cansancio me llenó mientras me dejaba caer sobre el colchón. Sin embargo, mi corazón seguía doliendo; el recuerdo de Ryker y los acontecimientos de hoy ocupaban mi mente. Todo esto era culpa mía. Si tan solo hubiera rechazado la oferta de Nathan, podría haber permanecido en la Ciudad Z, donde mi vida era normal y segura. Pero ahora estaba aquí. De vuelta en una ciudad llena de recuerdos dolorosos, y en mi primer día de regreso, me había topado con la única persona que esperaba no volver a ver jamás. Y, para colmo, trabajaba para él. No pude evitar esbozar una sonrisa amarga ante la ironía. De todas las empresas en las que podría haber terminado, tenía que ser una subsidiaria de la compañía que él dirigía. Al menos podía ignorarlo la mayor parte del tiempo, sumergiéndome en el trabajo todo el día para no dejarme ni un minuto libre para pensar en él, aunque eso significara llegar siempre exhausta al final de la jornada. Y pasar tiempo con Nathan ayudaba mucho. Y ahora, esto había sucedido. Mis ojos ardían con lágrimas; el recordatorio de su amenaza se repetía una y otra vez como un disco rayado. La náusea me invadió. A él no le importaban en absoluto; solo quería a los niños para sus propios fines egoístas. De ninguna manera iba a permitir que eso ocurriera. No iba a dejar que usara a mis hijos como peones para sus intereses personales. Ese fue el último pensamiento que cruzó por mi mente antes de caer en el sueño. … —No… no. Esto no podía estar pasando. De pie en una sala de tribunal, el sonido de su voz y el golpe del mazo resonaban en mis oídos. —Concedo la custodia completa de Micah y Ryan a Ryker Davidson. No… Lágrimas ardientes llenaron mis ojos mientras lo veía llevarse a mis hijos. Intenté gritar, advertirles, tomar sus manos, pero descubrí que no podía moverme. Estaba completamente, absolutamente impotente. La sonrisa engreída de Ryker me atravesó como una flecha. —¿Ves? Te lo advertí. ¡No! Me desperté de golpe, incorporándome y jadeando. El aire fresco enfrió mi piel mientras mi respiración se entrecortaba. Un sueño. Solo había sido un sueño. Al volver a la realidad, sentí todo: la tenue luz del amanecer que se filtraba por la ventana, el sudor que me cubría por completo y las lágrimas en mis ojos. Sobre todo, sentí un terror puro y absoluto. Sin dudarlo, tomé mi teléfono y marqué el número de mi madre. Todavía estaba en el hospital, pero tenía que hablar con ella. —Mamá, acabo de tener el sueño más aterrador —dije en cuanto contestó. —Ryker se llevaba a los niños y yo no podía hacer nada para detenerlo. —Los niños no van a ir a ninguna parte. Ryker ni siquiera sabe que los tienes —dijo con voz tranquilizadora. Podía oír su calma al otro lado de la línea, pero todo lo que sentía era un escalofrío recorriéndome. —Ahora sí lo sabe —respondí. Durante los siguientes minutos, le expliqué todo el incidente. Ella permaneció en silencio todo el tiempo. Cuando terminé, el silencio fue aún más ensordecedor. No era difícil adivinar cómo se sentía. Yo sentía lo mismo. Ryker era poderoso y, si iniciaba una batalla por la custodia, casi con seguridad perderíamos. —Oh, mi niña —la voz de mi madre cortó mis pensamientos, haciéndome enderezar la espalda. —Escucha. Pase lo que pase, no les ocurrirá nada. Te prometo que lo resolveremos, ¿de acuerdo? Mi corazón se hundió con sus palabras. Cómo deseaba poder aferrarme a ese optimismo ciego. Seis años atrás había confiado en eso para entrar en un matrimonio sin amor con un hombre que no me recordaba y terminé con el corazón roto. Ya no tenía ese lujo. Ryker era poderoso, un multimillonario CEO al frente de dos compañías. En comparación, nosotros no éramos nada. Pero no podía cargar ese peso sobre ella. Tragué saliva con dificultad y aparté todas las preocupaciones. —Está bien, mamá —suspiré, cerrando los ojos con fuerza—. Deberías descansar ahora. No quiero molestarte más. Buenas noches. Justo después de colgar, miré el reloj. Aún faltaban unas dos horas para que tuviera que levantarme para ir al trabajo. Debería haberme dormido, o al menos intentarlo, pero la pesadilla ya había hecho su daño y la ansiedad se negaba a marcharse. Al final, me quedé tendida en la cama, sintiéndome perdida e impotente. Ryker lo tenía todo: su dinero, su reputación y la querida prometida que siempre había querido. Y aun así, no le bastaba. Apreté las sábanas con fuerza y cerré los ojos. Ni en sueños dejaría que se los llevara. A la mañana siguiente llegué a la oficina todavía agotada por el sueño interrumpido. El recuerdo de ayer seguía muy fresco en mi mente. La idea de ver a Ryker en la oficina me aterraba. Sin embargo, conforme pasaban las horas, no había rastro de él. Como siempre, probablemente había ido directo a la empresa principal, lo que significaba que no estaría aquí. —¡Zerah! —me sobresalté y alcé la vista para encontrar a Nathan. Su sonrisa era cálida y no pude evitar devolverla. —Espero que estés mejor. ¿Qué fue la emergencia? —preguntó. Por un momento dudé antes de forzar una sonrisa. —Fue mi mamá, tuvo un pequeño accidente, pero ya está bien —dije, quitándole importancia, aunque no era verdad. Un escalofrío me recorrió al recordar la amenaza de Ryker, pero lo aparté con fuerza. No podía permitir que interfiriera en mi vida. —Bien —asintió antes de señalar con la cabeza hacia la puerta de su oficina. —¿Podemos hablar? Es sobre esa empresa —preguntó. No tardé en entender. Sin dudar, lo seguí. Durante el resto de la tarde, permanecí en la oficina de Nathan, escuchando. Nathan estaba en plena perorata sobre un importante acuerdo comercial con una empresa más pequeña que ayudaría a… En los cinco años que llevaba trabajando con Nathan, sabía varias cosas sobre él, muchas de las cuales me había contado voluntariamente. Una de ellas era que estaba conforme con su posición. A veces hablaba de su familia y de esta compañía. Nunca había tenido ambiciones de ascender o de independizarse para crear su propio negocio. En sus ojos, todo era por la empresa principal y por su familia. Había admirado esa simplicidad en él, compartiendo en parte el mismo sentimiento. Si tan solo hubiera sabido entonces que la compañía a la que siempre se refería era esta. Escuché atentamente mientras hablaba de sus sistemas de producción; la razón principal por la que había estado retrasando la asociación. Al final, hablé. —Bueno, ¿por qué no les ayudamos con eso? —propuse. —Podríamos ofrecer y gestionar una reestructuración de su producción para que sirva mejor a las necesidades de ambos como beneficio de asociarnos con nosotros. Vi cómo la comprensión cruzaba su rostro en tiempo real. No era la primera vez y dudaba que fuera la última, pero aun así una punzada de diversión me invadió. —Gran idea, Zerah. ¿Qué haría sin ti? —dijo Nathan con una enorme sonrisa. —Probablemente desearías que estuviera aquí para ayudarte —reí, disfrutando de su elogio mientras recogía mis archivos para volver a mi escritorio. Ahora que esto había terminado, podía escapar de su monólogo y… —No puedo esperar a planteárselo a Ryker. Los archivos que sostenía cayeron al suelo con estrépito. Tardé unos segundos en darme cuenta de que los había soltado. Me reprendí en silencio por reaccionar cuando escuché pasos detrás de mí. —¿Zerah? Al levantar la vista, encontré a Nathan mirándome, con clara preocupación en los ojos. —¿Estás bien? ¿Qué pasó? —preguntó. —Mierda, no los sostuve bien. Estoy bien, de verdad —la mentira salió de mis labios como veneno. La culpa se instaló en mí por mentirle, pero la aparté. Esto era lo que tenía que hacer para evitar sospechas. Nathan no podía saber del pasado entre Ryker y yo. Nathan no parecía convencido, pero antes de que pudiera decir algo más, su teléfono sonó. El alivio me invadió cuando se giró un momento. Había olvidado por completo lo de ayer en el flujo del trabajo y escuchar el nombre de Ryker volvió a encender la ansiedad. Cerré los ojos con fuerza para apartarla. Antes de que pudiera irme, sin embargo, Nathan regresó con una expresión seria en el rostro. —Nos han convocado a una reunión de subsidiarias en la sede de Falloway. Ryker dijo que era importante, así que tendremos que ir. Mi sangre se heló ante la noticia. Esto tenía que ser una de sus artimañas. Estaba planeando algo. Sentí mi corazón latiendo con fuerza en el pecho mientras las preguntas giraban en mi cabeza. Habían pasado varias semanas desde que regresamos a esta ciudad y ¿solo ahora teníamos una reunión? Esto no podía ser una coincidencia ni un evento repentino, de eso estaba segura. Especialmente después de lo que pasó ayer. ¿Cuál era su plan?
Kostenloses Lesen für neue Anwender
Scannen, um App herunterzuladen
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Schriftsteller
  • chap_listInhaltsverzeichnis
  • likeHINZUFÜGEN