Natalia El silencio que se instaló esta vez fue más pesado que el anterior. Sobre todo, era revelador. Por primera vez, la mirada de Luca se apartó de la mía y algo en ello me apretó el estómago. —No es algo de lo que debas preocuparte, Natalia. Ahí estaba, el vistazo evasivo que me decía que él sabía. Era mejor que la alternativa; podía fingir que todo estaba bien. Quizá fuera porque confiaba en mí. O tal vez porque sabía que no tenía sentido hacerse el tonto después de haber visto la condición de Rafael. No importaba cuál fuera la respuesta. Había intentado contener mis sospechas el tiempo suficiente, pero ahora que lo había puesto sobre la mesa no había otro camino que seguir adelante. —Debería preocuparme, considerando que él es mi paciente y mi responsabilidad por el momento —a

