Ella se acercó sin prisa, pasos silenciosos, y él se enderezó instintivamente.
La presencia de Nyx hacía que su respiración se volviera más lenta, más obediente. Allí, en esa habitación, él no tenía que pensar, ni planear, ni controlar nada.
Solo seguir, disfrutar, obedecer.
Nyx extendió una mano, cubierta por un guante oscuro.
Un gesto pequeño, pero que lo desmontó por dentro.
Tyler bajó la mirada, casi sin darse cuenta.
Era automático.
Era inevitable.
Ella no habló, pero su silencio tenía una fuerza que apretaba algo dentro de él. Una fuerza que le hacía sentir… seguro.
La mano de Nyx se movió hacia su barbilla, y con dos dedos levantó su rostro, obligándolo a mirarla. El contacto era suave, calculado.
Profesional, pensó él… o tal vez demasiado perfecto.
Sus ojos se encontraron, aunque él no pudiera ver los verdaderos de ella.
—De rodillas—Ordenó ella sin titubear.
Tyler tragó saliva. La voz de ella lo desarmaba sin que supiera por qué. Le resultaba familiar, tal vez, pero no lo suficiente como para cuestionarla. La necesitaba más que necesitaba entenderla.
Él dudó un instante, pero obedeció.
Bianca observó el momento exacto en el que el líder se convertía en el hombre que buscaba dirección.
—Quítate esa camisa—Ordenó ella mientras se sentaba en el borde de la cama y lo observaba con atención.
Tyler obedeció de inmediato, desabotonó la camisa con sus dedos largos y finos, y se la quitó lentamente, dejando ver aquel cuerpo perfecto, esos brazos musculosos y ese abdomen marcado.
Había algunos tatuajes, era sorprendente ante los ojos de Bianca, ella sintió un ligero calor sobre todo su cuerpo, era porque ya lo conocía y jamás pensó ni por un segundo, que a él le gustarían este tipo de cosas.
Cada persona es un mundo, pensó ella.
El hombre exigente, gruñón, el que rara vez decía “por favor”, de rodillas frente a ella, obedeciendo sin chistar.
Nada le causó mas satisfacción.
—Lindo cuerpo— dijo ella poniéndose de pie, fue por una vara bondage de cuero, la acarició con sus dedos y luego acarició la espalda de su jefe con aquella vara, haciendo que la piel de Tyler se erizara.
Le dio un pequeño golpe y lo miró reaccionar, estaba excitado, esto en verdad le gustaba.
Ella caminó alrededor de él en círculos lentos. Le daba pequeñas órdenes: postura, silencio, respuestas cortas. Tyler las cumplía con una mezcla de tensión y necesidad que a ella le resultaba casi fascinante.
Lo probó un poco más. Correcciones leves, instrucciones que rompían su fachada de mando. Cada vez que él obedecía, Bianca sentía cómo se dibujaba un mapa claro de sus límites… y de su vulnerabilidad.
Lo ato de manos, en aquella cama, uso algunos juguetes con él, podía ver una erección en él, eso la hizo sentir más acalorada, todas en el trabajo se morían por Tyler Hale, el hombre inalcanzable que no veía a nadie más que como herramientas de trabajo.
Bianca no sabía cómo iba a verlo después de esto.
Finalmente, cuando la sesión estaba por terminar, ella se colocó frente a él y habló con tono firme:
—Hasta aquí por hoy, te adaptaste bien.
Tyler respiró hondo, todavía sumergido en ese estado extraño que ella provocaba, la piel de su torso y espalda estaban ligeramente rojas por los azotes, nada dolía realmente para él, hubiera soportado más, pero estaba satisfecho con lo conseguido esa noche.
Y entonces lo dijo:
—Quiero algo más.
Bianca lo observó con atención. Ese era el riesgo, que el sumiso buscara más allá del rol.
—No ofrezco intimidad —respondió ella de inmediato—. Y no pienso romper esa regla.
Tyler dio un paso adelante, más seguro ahora, más “él”.
—Puedo pagar más —dijo, con seriedad —. Mucho más, si es necesario, dime cuanto.
Bianca no esperaba eso, sabía que era rico, sabía que era poderoso, pero también sabía que era su jefe.
Verlo negociar con ella sin sospechar quién era, le provocó una mezcla peligrosa de interés y alarma.
—No puedes comprar algo que no está en venta —replicó, aunque su voz no sonó tan fría como pretendía.
Tyler insistió. —No estoy comprando a la persona, solo un momento… contigo. Solo eso.
Bianca desvió la mirada un segundo.
No por duda profesional… sino porque conocía a ese hombre fuera de esas paredes. Conocía sus días largos, su carácter difícil, la soledad que escondía tras esa postura de jefe impenetrable.
¿Aceptar? ¿Rechazar?
La línea era confusa ahora que sabía quién era él y él no sabía quién era ella, ¿Y si la descubría?, iba a despedirla seguro.
—Lo pensaré —dijo finalmente, sin comprometerse—. Pero no te ilusiones, mi respuesta puede ser no.
Tyler asintió, aunque la mirada intensa que le lanzó dejaba claro que no se daría por vencido.
Bianca se acercó a la puerta. —Eres disciplinado… y peligroso. No sé aún si eso me gusta… o si debería detenerte antes de que cruces un límite que ni tú comprendes, ya lo veremos, te dejaré para que te vistas y te vayas cuando estés listo— dijo para después salir de aquella habitación la cual ahora guardaba un enorme secreto.
Ambos quedaron con un problema.
Él, fascinado por una mujer que no sabía que ya conocía.
Ella, atrapada en un juego que podía transformar todo… incluso su trabajo de día.