El trabajo de parto empezó justo a las tres de la mañana. Matilde entre tanto dolor se había olvidado de lo que evidentemente era un sueño, uno que sabía que dentro de unos días volvería a discutir con Leo. Él se encontraba junto con ella mientras la seguía por la habitación. La partera había dicho que ella debía caminar para así permitir que la bebé bajara con más facilidad. “Ahhhhhhh” se quejaba ella cuando recargo sus brazos sobre los hombros de Leo para que la contracción pasara. —Respira mi vida.— Le habló con suavidad.—Respira. La contracción pasó poco a poco y Matilde volvió a recobrar un poco los sentidos. Vio a su esposo a los ojos y sonrío.— Te digo una cosa. Cuando nació Raulito siempre desee que estuvieras a mi lado, y ahora que te siento conmigo, no lo creo. —Aquí e