Leo pensó que pasarían muchos años antes de volver a Al Paraíso. Incluso, pensó que su destino era jamás regresar, que su tía se lo había dicho para alejarlo por completo de ahí, así que volver a cabalgar por el viejo camino que unía las dos haciendas, era algo que ahora le parecía raro. Había vivido por meses en una hermosa ciudad, con grandes museos, visto palacios, monumentos importantes, recorrido parques, pero nada se comparaba con la alegría de volver a cabalgar a pistacho y ver el hermoso paisaje alrededor. Aunque bueno, no quedaba aún descartado el regresar a Madrid, ya que tenía que ver a su tío, todo lo de la reconstrucción de su casa y sobre todo las pequeñas inversiones que había hecho; también, le había prometido que no lo abandonaría y que siempre estarían en contacto. En