James me saca una foto junto a Eugenia. Las dos estamos prácticamente igual, con un mes y medio de diferencia, pero estamos sufriendo como locas. Ella porque tiene pequeñas contracciones, y yo porque tengo los pies tan hinchados que parezco un elefante. Ya tengo siete meses, apenas está empezando a asomar la primavera, pero estoy que muero de calor. Esto es un sufrimiento. Lila arquea las cejas en dirección al italiano y le tira un almohadón por la cabeza. Ella también engordó, pero por culpa de nuestros antojos. Lo que nosotras pedíamos, ella también. —Tendrías que estar en la despedida de soltero de hombres, no de nosotras —expresa Jessica. James bufa—. De hecho, ¡es tu despedida de soltero! —Mi mujer puede parir en cualquier momento —murmura. —Es noche de chicas, pero si llego