—Estarás bien —asegura pegando mi cabeza a su pecho pero me remuevo haciendo que me suelte. —. Ah, quieres decir algo —asiento. Pasa su mano detrás de mi cabeza y me quita el pañuelo. —¿De qué se trata esto, Lenin? ¿Qué estás haciendo? —pregunto con la voz temblándome y un dolor horrible en la comisura de mis labios. —Nada, sólo que tu esposo se está metiendo en muchos problemas últimamente —dice tranquilo. —Lenin déjame ir, ¿Por qué haces esto? ¿Qué ganas con esto? No que Leonardo te pagó ahora ¿Por qué me secuestras? —pregunto confundida. Se sienta a mi lado y empieza a tocar mi cabello. —Sabes que no te lastimaré —asegura. —Eso no lo sé —aclaro. —Lo sabes —me contradice. —. ¿Sabes a quién está buscando tu esposo? ¿Ya lo encontró? —pregunta. —No sé de que me estás hablan

