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1230 Palabras

León Conduje hasta la oficina de Isabella. Me encontré con un poco de tráfico e hice una parada. Ojalá me estuviera esperando y no hubiera tomado la decisión precipitada de coger el autobús, como hizo esta mañana. Miré las rosas en el asiento del copiloto, cuyo aroma inundaba todo el coche. Una sonrisa se dibujó en mis labios. Isabella me había dado esperanzas esta mañana cuando me di cuenta de que quería verme el fin de semana; ahora era el momento de dar el siguiente paso. Me costó mucho elegir las flores, ya que no sabía cuáles eran sus favoritas. Pero a todas las mujeres les gustan las rosas, ¿verdad? A mi abuela le encantan, así que quizás a Isabella también. Pero no importa, si no le gustan, aprovecharé para averiguar cuáles son sus favoritas. Mi sonrisa se acentuó al imaginar su

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