León El trayecto al restaurante transcurrió en silencio. No había reservado con suficiente antelación, pero no importaba. Los Branston eran los reyes de este país; podían ir a donde quisieran, a cualquier hora, sin reserva. Isabella no había hecho nada fuera de lo común. Se aferraba a las rosas que le había regalado como si temiera que todo fuera un sueño. Habría dado cualquier cosa por saber qué pensaba: cómo veía las flores y si alguna vez había recibido flores. Desde luego, no de Liam. Pero ese tipo… Cane. ¿Le había regalado flores alguna vez? ¿Cómo reaccionó? ¿Las apretó con fuerza como hacía con las que le había dado? ¿Las estrujó con tanta fuerza como a esas pobres rosas? Tal como esperaba, en cuanto me vieron en el restaurante, el gerente se acercó a atendernos personalment

