Isabella Liam me abofeteó, me tiró del pelo y me insultó de todas las formas posibles. El dolor que me infligía quemaba más que antes. Entonces lo vi a él: otro Liam, golpeándolo, dándole puñetazos. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué está sucediendo? Me dolía muchísimo el pecho y abrí los ojos de golpe. Tenía la vista borrosa; lo único que veía era blanco, acompañado por un leve pitido. ¿Por fin he muerto? ¿Así es como se muere? —Por fin has despertado —escuché a mi lado. La voz era tranquila, amable, incluso cálida. Quise girar la cabeza para ver a quién pertenecía aquella voz, pero no pude. Solo se movían mis ojos; sentía el cuello rígido, mientras mi visión empezaba a aclararse poco a poco. Divisé la silueta de una mujer. No lograba distinguir bien sus rasgos, pero hice memoria intentando

