CAPÍTULO 43

1911 Palabras

Un par de días después, la fiebre cedió gracias a los cuidados minuciosos de William, quien, luego de que llamara al doctor para una revisión, se instaló silenciosamente entre mi departamento y el suyo, encargándose de prepararme tés calientes, revisar mis medicamentos y vigilar que descansara lo suficiente. No hubo besos desesperados ni exigencias pasionales durante esos días de convalecencia; solo una tregua silenciosa, una presencia constante y protectora que ha terminado por derribar los últimos cimientos de mi resistencia. Y es que, por más que la cabeza dicte algo, el corazón es un necio que no conoce de defensas. El ansiado día del recital escolar ha llegado finalmente y me encuentro de pie en el gran escenario de madera del colegio, vistiendo el uniforme de gala del colegio, un t

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