CAPÍTULO 42

1439 Palabras

El sonido insistente de la alarma en la mesita de noche me arranca de un sueño febril y pesado. Llevo la mano a tientas, apago el aparato y me quedo inmóvil bajo las sábanas, sintiendo el peso muerto de la fatiga en cada hueso. Me duele la cabeza, la garganta me raspa con una aspereza seca y un escalofrío helado me recorre la columna vertebral cuando respiro hondo. Apenas pude dormir un par de horas. Las imágenes de la noche anterior siguen grabadas a fuego en mi mente. La presencia de Viktor entregándome flores silvestres con una nobleza inmerecida y, justo después, la embestida salvaje de William en el pasillo, acorralándome contra el marco de la puerta, robándome el aliento y recordándome con cada centímetro de su piel que mi cuerpo le pertenece de una forma tan irracional que me aterr

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