CAPÍTULO 36

1382 Palabras

William da un paso más en la escalera, se inclina con esa elegancia innata que ni el tiempo ni la tragedia han podido arrebatarle, y recoge el llavero del suelo. Sostiene las llaves entre sus dedos enguantados de cuero n***o y me las extiende. Nuestros dedos se rozan un milisegundo al tomar las llaves. Es un contacto mínimo, insustancial para cualquiera, pero para mí es como tocar un cable de alta tensión. El corazón me da un vuelco salvaje, golpeándome contra las costillas con una violencia que me corta el aire. —Sube —murmuro apenas con un hilo de voz, incapaz de sostenerle la mirada por más tiempo. El trayecto en el ascensor hacia mi piso transcurre en un silencio sepulcral, espeso y sofocante. Puedo sentir el calor de su cuerpo a mi lado, su perfume a maderas nobles y tabaco caro en

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