El ambiente dentro de la pequeña cafetería a la entrada del parque, cerca del colegio, es acogedor. El aroma a grano recién molido, canela y hojaldre recién horneado envuelve el lugar, mientras la lluvia suave del atardecer repiquetea con ritmo cansado contra el cristal de la ventana. A través de la mesa redonda de madera clara, Viktor habla animadamente sobre sus años de universidad y las anécdotas cómicas que ha acumulado como profesor de educación física. Es un hombre genuinamente agradable; su risa es fácil, limpia, y la devoción con la que aborda la docencia me resulta reconfortante. Me esfuerzo conscientemente por conectar con él, por responder a sus bromas, por dejarme llevar por la fluidez de una conversación simple entre dos personas que solo buscan pasar un buen rato. —...Y así

