La figura imponente del sujeto frente a mi puerta no se ha movido desde que apareció y, de igual manera, también me quedo quieta en mi lugar. Si no me muevo no me ve. Ese pensamiento alberga mi mente durante todo este tiempo. Me paralizo al ver la sombra entrar a mi habitación, la luz se prende en el momento en que cierro mis ojos. Si no lo veo no es real, si no lo veo no es real. —Abre los ojos, Mackenzie —niego repetidas veces. Escucho como suelto un bufido, para después sentir la filosa punta de algo que se presiona en mi garganta, trago saliva. —No me hagas perder la paciencia —amenaza —Así que abre los ojos. Aun temerosa empiezo abrir mis ojos poco a poco acostumbrándome a la luz. La persona frente a mi empieza a cobrar forma. De un salto me alejo, frunzo el ceño. —Mierda, Gab

