Henry Edwards escupió sangre roja sobre la nieve blanca y se levantó muy lentamente, le dolía el abdomen, era obvio que no le quedaba mucho tiempo. – Alteza – dijo Nolan cuando lo encontró y se quitó el abrigo para cubrir la herida sangrante en el abdomen de Henry – estará bien, el médico vendrá pronto – en ese momento, Nolan se odió por tener una sola mano para ejercer presión. Henry lo detuvo – el castillo Lacombe – masculló – es tuyo, por favor, cuida de Bastián. Los dientes de Nolan se apretaron, Henry Edwards era más que un rey, o un amo, era su mejor amigo y no quería verlo morir de esa forma. – Gracias por todo – sonrió Henry y sus ojos se fueron cerrando. Las heridas internas provocadas por la flecha de duque Cold tomaron su vida en aquella fría noche de invierno y marcaron el