Eva Mi aliento se entrecortó cuando él me interrumpió. De repente todo se detuvo; la sensación de vértigo en mis oídos se aquietó hasta convertirse en nada. —¿Tú… qué? —Sacudí la cabeza, incapaz de creerlo. ¿Era solo mi imaginación? ¿Había dicho… que me creía? Me quedé inmóvil mientras él avanzaba hacia mí. —Te creo, Eva. Te he conocido durante los últimos seis años, ¿verdad? —preguntó, dando otro paso más cerca. —He visto lo dispuesta que estás a poner el trabajo duro. He visto cómo te negaste a pedir ayuda, temerosa y ansiosa por demostrarte a ti misma. He visto tu ingenio rápido, cómo te adaptas tan deprisa, creces, ganas confianza y vences a los demás en su propio juego. Mientras hablaba, solo encontré sinceridad en sus ojos y una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.

