[DIEGO]
Un beso más, un abrazo más y las despedidas se me han hecho cada día más difíciles y pesadas. Confieso que esta vez me voy preocupado, porque dejo a Valle en una situación muy incómoda. Ahora solo puedo pensar que Emma ya hubiera nacido, ya tendría semanas de vida y ambos deberíamos estar locos de amor por ella, no llorando y discutiendo porque una persona que no tiene límites decidió revelar algo tan íntimo que, además, lo supo espiando y metiéndose donde no la llamaban.
⎯ Debes arreglar esto ya ⎯ me digo a mí mismo mientras voy bajando en el elevador ⎯, no le puedes fallar a Valle, ella no te ha fallado a ti.
Entonces, se abren las puertas e inmediatamente veo a Salvatierra hablando con Francisco. ⎯ Lo que me faltaba ⎯ murmuro y jalo mi maleta para comenzar a caminar a la entrada.
⎯ ¡Ah Diego! ⎯ me dice al verme.⎯ Justo hablaba con Francisco para que llamara a Valle.
⎯ ¿Se supone que la verías hoy? ⎯ pregunto sin mucho tiento.
⎯ No, pero ayer surgió una oportunidad para ella que creo debería considerar. Conquistó a mis socios y le quieren dar una propuesta, ¿crees que pueda subir a verla?
⎯ Lo siento Salvatierra ⎯ digo ignorándolo un momento mientras veo mi celular ⎯, hoy se levantó con una migraña y la dejé aún en la cama. No creo que quiera recibirte.
⎯ ¡Ah vale! ¿Necesita algo?
Que te parece si la dejas en paz por un momento, pienso para mis adentros mientras muero por darle un golpe en la cara.
⎯ No, ya tiene lo que necesita, ¿por qué no regresas mañana?, o háblale más tarde y te pones de acuerdo con ella.
⎯ Sí, eso haré ⎯ después ve la maleta.⎯ ¿De nuevo al camino?
⎯ Así es, de nuevo al camino, y te dejo porque se me hace tarde, hasta luego ⎯ finalizo la conversación, molesto.
Camino hacia las puertas para salir del edificio, y veo a Gerard que me está esperando afuera de camioneta. Le envío un mensaje a Valle para avisarle lo que le acabo de decir a Salvatierra.
NOMBRE
OK, GRACIAS, TE AMO.
Sí, yo también la amo y lo menos que quiero es que Salvatierra suba en este momento a nuestro piso y haga lo que debí hacer yo todo el día y no puedo, consolarla. Solamente imaginar a Santiago abrazándola, eleva mi nivel de celos al máximo.
⎯ Me iré, regresaré, terminaré todos mis compromisos y juro por Dios que seré el esposo de Valle Sandoval y estaré únicamente para ella ⎯ murmuro ⎯, pero primero, pondré a algunas personas en su lugar y protegeré a la mujer que amo.
[Tiempo después]
Llevo dos horas tratando de dormir, y el jetlag no me lo permite, o más bien el saber que mi esposa está sola en nuestro piso, leyendo el comunicado que lancé y que ahora, espero, le haga sentir un poco mejor; aunque me gustaría estar ahí para comprobarlo. Nunca pensé que las palabras de Salvatierra me atormentaran tanto, aunque para ser verdad creo que es mi conciencia quien está hablando en este momento.
Volteo a ver mi celular con la hermosa foto de Valle como fondo de pantalla, el reloj marca las 3:00 am, sé que ella está despierta en estos momentos por el cambio de horario, pero por el momento no sé qué decirle. Si llora de nuevo me sentiré terriblemente culpable y tampoco tengo cabeza. Aprovecharé que ella piensa que duermo plácidamente para tomarme el tiempo para pensar y tener algo mejor preparado para decirle, porque ella se merece que le diga lo mejor, que necesita escuchar, no solo un discurso torpe y lastimoso de un esposo que se siente culpable.
Me levanto de la cama, me pongo unos pantalones de mezclilla, una playera y abandono mi habitación. No puedo estar ahí más, necesito distraerme, necesito pensar y dejar de atormentarme, han sido tantas emociones y situaciones en estos días que me han distraído por completo de lo que en verdad importa: amar y proteger a Valle.
Bajo en el elevador y me voy directo al bar del hotel, sorprendentemente hay personas que beben aún, así que no me siento como un alcohólico al pedir algo de tomar en la barra y sentarme a beberlo lentamente y sin que nadie me moleste.
⎯ ¡Diego! ⎯ escucho la voz de una chica. Al voltear la veo sonriente frente a mí, es Milagros, mi nueva asistente, la que conocí llegando al aeropuerto horas atrás.
⎯ Hola ⎯ contesto sin ganas ⎯ ¿Qué haces a esta hora aquí?
⎯ Lo mismo te pregunto, mi respuesta es Jetlag, lo odio, siempre la primera noche no duermo nada, así que aprovecho para arreglar algunas cosas y también para venir al bar a cenar algo, ¿puede sentarme a tu lado mientras como mi club sandwich?⎯ me pregunta amable.
⎯ Sí, siéntate ⎯ le indico y ella lo hace, saca su celular y empieza a ver r************* mientras espera la comida.
⎯ Pensé que platicarías conmigo ⎯ le digo extrañado.
⎯ ¡Ah! ¿Quieres que platique contigo?, no lo sabía ⎯ me dice sinceramente.
⎯ Bueno, pensé que si estabas a mi lado era porque querías hacerme compañía y platicar conmigo.
⎯ Mmmmm no, bueno, no quisiera molestarte. Tu cara me dice que estás pensando cosas muy profundas y es mejor dejarte en paz, yo solo como y me voy.
⎯ No, platiquemos, quiero conocerte, digo al final de cuentas eres mi asistente y no sé nada de ti.
Milagros sonríe.⎯ Pues prácticamente sabes todo sobre mí, te lo dije en el avión. Milagros, 27 años, acuario, tu asistente, ¿qué más deseas saber?
Parece ser que Milagros no es nada parecida a Sam y eso me agrada, no se quiere meter conmigo y por eso en este momento no le interesa hacerme plática, al menos que yo le dé permiso. El club sandwich llega y debo admitir que se me antojó enormemente.
⎯ ¿Quieres?⎯ me dice ella viendo mi evidente cara de antojo.
⎯ No, tengo una dieta que seguir, si se entera mi esposa que comí eso creo que me manda un rayo ⎯ y me río al acordarme de la voz de una diciendo "Dieta sí, club sandwich no".
⎯ Vale, entonces sin sandwich para ti ⎯ y comienza a comer. La observo un momento y luego dirijo mi mirada hacia mi vaso. Muevo la pequeña pajilla haciendo círculos en el agua ⎯ ¿Te puedo preguntar algo personal? ⎯ dice ella de repente.
⎯ ¿Qué tan personal? ⎯ pregunto aun viendo el vaso.
⎯ Sobre el comunicado que lanzaste esta mañana ⎯ continúa ⎯ recuerda que yo fui quien lo envíe a la prensa.
⎯ Cierto, supongo que sobre eso si puede preguntar ⎯ respondo.
⎯ ¿Es verdad lo de tú y tu esposa?, ¿qué ya no pueden tener hijos?, ¿qué perdieron una hija en abril? ⎯ inquiere en tono de respeto.
Volver a escuchar esas palabras me pega como piedras en la cabeza, supongo que nunca lo lograré superar.⎯ Sí, es verdad. Valle y yo perdimos una hija en abril, si hubiera vivido ya estaría con nosotros, y también es verdad que se nos complicará tener más hijos. Eso aún no lo sabemos.
⎯ ¡Qué mal! ⎯ contesta seria ⎯, eso debe ser terrible, lo siento mucho Diego.
⎯ Gracias, todo lo demás del engaño y la basura que dijo Sam es mentira ⎯ aclaro.
⎯ Esa Sam parece que es un dolor de cabeza, ¿eh? ⎯ comenta ⎯, se me hizo muy bajo lo que hizo, rebelar algo tan personal.
⎯ ¿Y tú no lo harías? ⎯ pregunto rápido.
⎯ No, mi trabajo es ser tu asistente, no meterme en tu vida, no me importa y tú no quieres, así que ¿para qué intentar?
⎯ Pensé que por eso estabas aquí conmigo.
⎯ No, en verdad solo vengo por un club sandwich Diego, ni sabía que estabas aquí, pero puedo irme a otra mesa si gustas ⎯ comenta.
⎯ No, no, lo siento, mi intención no era ofenderte, simplemente que creo que estoy acostumbrado a...
⎯ ¿La mala vida? ⎯ y se ríe ⎯ Tranquilo Diego, yo soy una tumba, no diré nada que no quieras y lo que vea se quedará aquí, excepto que mates a alguien, ¿no quieres matar a nadie, cierto? ⎯ Sonrío mientras le digo que no, la vibra de Milagros es muy diferente a la de Sam y es un poco más sincera y práctica. Sé que apenas la conozco, pero posiblemente me haga bien platicar con ella de vez en cuándo. Ella da otra mordida y luego me ve ⎯ Te puedo decir algo más ⎯ yo asiento con la cabeza.
⎯ No puedes dormir porque te sientes culpable de haber dejado a tu esposa sola con toda esta situación encima, ¿cierto? ⎯ y yo la observo interesado ⎯ Estudié tres semestres de psicología, soy buena en eso.
⎯ Así es, me siento terrible, no quiero estar aquí y me hace sentir peor porque esta es mi vida, mis negocios, pero no puedo estar allá con la mujer que amo... es todo un lío.
⎯ Y tu agenda es horrible, la persona que te la hizo te quería alejar completamente de tu mujer, deberías demandarla ⎯ y me invita un pedazo de lo que come.⎯ Pero puedes hacer sentir a tu esposa que estás allá sin estar, ¿sabes? ⎯ Mi cara ha de ser de estúpido porque ella se ríe ⎯ Piensa Diego, las videollamadas son buenas, pero hay más recursos sobre todo para ti, es el siglo XXI hay celulares y sss, a ver, ¿cuándo tú salías con ella antes de casarse qué hacías para mantener el romance?
⎯ Videollamadas y arreglé mi agenda lo suficientemente bien para poder ir a visitarla lo más que podía.
⎯ ¡Ah, ya veo!, ¿Y qué más?
⎯ Bueno, prácticamente era eso, pero en ese momento no tenía muchos viajes que hacer, así que podía zafarme más.
⎯ Aun así, tienes opciones, te podría dar unos consejos si quieres, mi padre era camionero, y se ausentaba por meses, sin embargo, nos hacía sentir que siempre estaba ahí con nosotros. Cosas sencillas, pero bueno, tú eres Diego D' Angelo, puedes hacerlo realmente magnífico, solo tienes que usar tu imaginación y claro saber qué le gusta a tu esposa.
De pronto la veo por unos segundos y le sonrío, tal vez el cambio de asistente sea algo increíblemente positivo para mí, aunque en verdad no quiero intimidar mucho con Milagros como llegué a hacerlo con Sam, no quisiera tener a otra igual en mi equipo.
⎯ Dime las ideas que tienes y yo te escucho, si me parecen las pondré en práctica, si no...
⎯ Tranquilo Diego no es algo dogmático, solamente son ideas, tómalas, déjalas, pero lo importante es que hagas algo para que no traigas una cara de esposo sufrido y regañado, porque tus socios y admiradores se darán cuenta ⎯ finaliza.
Sonrío.⎯ Venga, dame tus ideas.