Capítulo 25

1421 Palabras
Juan Carlos Me encontré muy extraño que Virginia no viniera hoy a la empresa, le pregunté a Julián por ella, pero me dijo que no la había visto desde anoche cuando la dejó en su casa. Era extraño que no viniera, aunque no era extraño que no avisara, siempre que desaparecía no le avisaba a nadie donde iba ni nada al respecto, eso me daba curiosidad. Ya de por sí ella es muy misteriosa. Pensar en ella, en cómo estaba anoche es casi un martirio. No lo voy a negar estaba tan hermosa y creo que hermosa le quedaba corto. Doy una respiración para contener el calor que inunda mi cuerpo al pensar en su cuerpo siendo abrazado por aquel hermoso vestido. No entiendo que es lo que ella hace en mí, pero cuando la tengo cerca me siento bien, demasiado bien. Y me da la sensación de quererla siempre donde la pueda ver. Sé que estoy casado, pero ella despierta cosas en mí que solo sentía cuando conocí a Emma, era apenas un jovencito y esa mujer me hace sentir de nuevo como un adolescente.  Me preocupa lo que me está pasando con ella, quisiera perderme en sus curvas, tocar ese trasero tan deseable y besar esa boca tan sensual, pero sé que no puedo, estoy casado y ella jamás sentiría nada por mí porque tengo edad para ser su padre. Estaba sentado en mi oficina, ya eran las tres de la tarde y no tenía noticias de ella, no se presentó a trabajar y le pedí a Becky y a Luisa que la localizaran, pero ninguna dio con ella. Es como si se la hubiera tragado la tierra. ¿Qué estaba pasando? Hay una idea que pasa por mi cabeza desde que me di cuenta que no vino, es ir a verla a su casa, no lo pensaré de nuevo y solo iré. Tomé las llaves de mi camioneta y salí de la oficina hacia el estacionamiento, ya no aguanto más. Tengo la necesidad de verla. La desbloqueé y me dispuse a conducirla fuera de allí donde sentía que me ahogaba. Porque a decir verdad sentía que me asfixiaba estar en la empresa tanto tiempo, a veces entiendo eso de Julián, es igual a mí y no le gusta estar encerrado en una sola cosa, pero a veces hay que madurar y ser adulto. En el camino no paraba de pensar en ella. ¿Qué le habrá pasado? Por suerte me conocía el camino desde el momento en que la traje aquella vez. Aunque no voy a negar que me sentía nervioso. Si alguien sabía sobre esto tendría que dar explicaciones o mejor diría que como director general de la empresa debía estar al pendiente de mis empleados y era preocupante que ni siquiera hayan podido localizarla a su celular. Si. Eso es lo que diría, siempre me he mostrado interesado en el bienestar de mis empleados así que no levantarla sospechas.  Y pensar que un día la eché de la empresa, lo hice por esa belleza que tiene, sabía que iba a traer problemas, pero como si el destino me hiciera una mala jugada Julián tenía que atropellarla y darle trabajo. Ya después no había forma de sacarla, lo mejor era dejarla entrar y que fuera lo que Dios quiera. Suspiré pensando en la ironía de la vida. Ya estaba llegando al barrio que tanto miedo causa a las personas: el barrio n***o, ese lugar donde se encuentran los más criminales de este país. Al menos eso es lo que todos dicen. Me detuve frente a su casa y no pude divisar a nadie desde afuera, bajé de la camioneta y caminé hasta la puerta para tocar varias veces, pero nadie respondía, me iba a ir cuando me volví y me puse un poco de fuerza en la puerta y esta se abrió, la puerta estaba abierta. Sentí un miedo por todo mi cuerpo al pensar que algo le había pasado y por eso estaba abierta, si alguien hubiera entrado y asaltado la casa o la hubiera matado, después de todo el barrio donde vive es el más delictivo. Entré con mucho cuidado, pero luego recorrí apresuradamente la casa abrí cada una de las puertas que habían allí, había dos habitaciones, pero estaban vacías ya me estaba rindiendo cuando vi otra puerta en un pasillo más apartado al fondo. Corrí hacia allí y abrí la puerta despacio, tenía miedo de lo que iba a encontrar y cuando entré recorrí la habitación con la mirada, no me había equivocado, esa era su habitación, estaba seguro, no la vi por ningún lado, pero de dejé llevar por la curiosidad y me adentré más, entonces la vi detrás de la cama, en el suelo, cerca de ella había vómito y su cuerpo se agitaba en medio de convulsiones consecutivas. Demonios. Corrí hacia ella sin pensarlo ni una sola vez y la tomé en brazos, pude ver su rostro, estaba pálida, no lo pensé dos veces, es más ni una, salí de allí con ella y la subí en los asientos traseros de mi camioneta para llevarla hasta el hospital. Conduje lo más rápido que pude y en el camino solo pensaba y rezaba para que estuviera bien. Cuando al fin llegamos entré corriendo con ella y la puse en una camilla que llevaban unas enfermeras, lo hice sin preguntar y les expliqué lo que vi entonces ellas la llevaron a emergencias donde claramente no me dejaron entrar. Ya tenía varios minutos esperando, no me habían dicho nada del estado de Virginia, ninguna noticia, solo daba vueltas por toda la sala de espera bajo la vista de todos los allí presente, pero no me importaba lo que pensaran, yo solo quería que Virginia se salvara y entender qué demonios había pasado. Marcela (Virginia) Cuando desperté vi unas paredes blancas y escuchaba el sonido de una máquina que pitaba incesablemente a mi lado haciendo que me zumbaran los oídos, era irritante, al principio veía todo nublado hasta que mi vista se aclaró un poco más y pude notar que estaba en una habitación de hospital. Entonces pasaron varias imágenes borrosas por mi mente y recordé lo que pasó, me había drogado, pero ¿Cómo llegué aquí? Seguro que Vanessa y mi madre habían llegado y me trajeron. En ese momento entró un hombre de por lo menos cincuenta y tantos años. - Hola. - Me saludó cuando se acercó. - ¿Hola? - Le respondí en tono de pregunta. - Supongo que te encuentras algo confundida. - Asentí - Bien... estas aquí por una sobredosis de cocaína. -  Puse mala cara rodando los ojos y no porque él lo dijera, eso ya lo sabía, sino porque alguien más se podía enterar y eso no me convenía lo más mínimo. - ¿Se lo ha dicho a alguien más? - Pregunté impaciente y él sonrió negando. - No, señorita... este es un caso muy delicado que solo se puede tratar con la familia y el señor Gandara no es parte de ella. - Abrí los ojos sorprendida al escuchar el apellido. - ¿Dijo Gandara? - Cuestioné sin creérmelo. Julián estaba aquí y eso hizo que mi pecho de hinchara. - Si, Juan Carlos Gandara. - Aclaró haciendo que mi ilusión se fuera y la confusión llegara ¿Cómo demonios? Espera... Marcela eso es algo bueno, pero por nada del mundo puede saber que estas aquí por sobredosis de cocaína. Me dije a mi misma. - Gracias por no decirle nada, me gustaría que siga así, es mi jefe y no quiero que me despida porque uso drogas. - Expresé con una sonrisa, el doctor asintió. - Ese es un tema que hablaremos más tarde con un especialista, mientras tanto, le diré al señor Gandara que puede pasar a verla y no se preocupe, también diré que no fue nada grave solo intoxicación, pero usted deberá decirme sobre algún familiar. - Eso me calló como un balde de agua con hielo y mi sonrisa desapareció.  - Es que yo vivo sola. – Mentí. - No tengo familia. - El doctor asintió y sin más que decir salió de mí cuarto. ¿Ahora que iba a hacer? Tendría que someterme a unas terapias de narcóticos anónimos, esto no podría empeorar, si Julián o Juan Carlos se enteraba perdería toda posibilidad y entonces si me mataba “el jefe”, no podía permitirlo, no lo iba a permitir. Debía pensar en un buen plan.
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