Capítulo 24

2381 Palabras
Marcela (Virginia)   - ¿Nos vamos? - Pregunto y él asiente, entonces los sigo hasta su auto. Todo el transcurso fue aburrido. Un silencio ensordecedor reinaba en el pequeño espacio que era su auto, yo solo miraba por la ventanilla mientras Julián me miraba a veces de reojo, pero fingía que no lo notaba. - Yo... lo siento debí decirte lo que iba a hacer en la fiesta y no... - Levanté mi mano para indicarle que callara, no quería escucharlo, sus palabras sólo iban a despertar el demonio dentro de mí y con él venían locuras inimaginables si eso pasaba, además ¿Qué carajo me importaba a mí lo que hiciera o dejaba de hacer? - ¿Por qué te disculpas? - Me adelanté a preguntar con una sonrisa falsa, pero que a él le pareció real porque su expresión cambió por completo. ¿Qué esperaba? ¿Qué estuviera sufriendo porque se había comprometido con Mercedes? ¿Perdón? Imposible, yo no sufro por ningún hombre. - Mercedes es...- Una puta, una zorra malnacida con aires de grandeza. - ...una buena mujer. - Le digo olvidando mis pensamientos y referimientos hacia esa… vergüenza de mujer, aún no olvido como andaba rogando y persiguiendo a Julián. El resto del camino fue en silencio completo, llegamos a mi casa y Julián me tomó del brazo cuando iba a salir. Genial, ahora iba a darme su discurso de hombre arrepentido que no me iba para nada. - Si, sé que ella es una buena mujer, pero yo no la amo, la quiero, pero no la amo hice todo esto por mi madre. - Suspira al terminar de hablar y desvía la mirada hacia donde no pueda verla. Frunzo el ceño mientras mi mente corre a mil con cosas nada buenas ni bonitas, no puedo creer lo que esa bruja se atrevió a obligarlo, aunque no debería extrañarme, pero eso solo me da más motivos para sin duda alguna pensar en cómo la voy sacar más rápido de mi camino ahora. Sólo necesito una oportunidad. - Mira, Julián, yo no me llegué a imaginar esto, pero si no amas a Mercedes tienes que decírselo, no puedes esperar más tiempo porque mientras más la ilusiones más difícil será para ella superarlo. - Le dije mirándolo a los ojos simulando tristeza cuando en mi interior quería bailar por todos lados y cantar como una niña. No me malinterpreten estoy triste de que él no pueda vivir su vida sin la intervención de su madre, pero acabaría con eso pronto. - Gracias, Virginia. - Sonrió tiernamente. Salimos del auto y me dispuse a entrar a mi casa cuando Julián me tomó del brazo, otra vez y me abrazó con fuerza, un poco aturdida y embriagada por su olor correspondí a su abrazo sintiéndome por un momento en el lugar que debía estar. Cuando nos separamos intenté alejarme rápidamente, era un peligro estar tan cerca de él y más en ese lugar. Me sostuvo provocando un leve roce de nuestros labios que me hizo estremecer por completo, todo mi cuerpo tembló, sin embargo, lo alejé y corrí hasta el interior de la casa, me dirigí a mi cuarto y después de una ducha me dispuse a dormir. Los escurridizos rayos del sol me despertaron mientras se colaban por las cortinas. Era una molestia cuando no quería levantarme y sobre todo cuando Vanessa cambiaba mis cortinas oscuras. - Maldita Vanessa me cambió las cortinas oscuras por unas claras, como odio los colores claros. - Me levanto maldiciendo a la pobre de Vanessa, pero tenía mis razones, ella sabe que me gusta tener mi habitación a oscuras. Me dirijo para el baño y lavo mis dientes, salgo de la habitación en pijama la cual consta de un short n***o que muestra hasta mi alma y una blusa de tirantes gris, camino por la sala y me doy cuenta que no hay nadie, estoy sola en casa y eso me gusta. Es más, me encanta. Paseo por la cocina y tomo una taza de té, salgo y me siento en el mueble de la sala, pongo la taza sobre la mesa cuando termino y me dirijo a mi cuarto, pero cuando abro la puerta unas manos me agarran fuerte y me cubren la boca, me adentran a mi habitación y aún no sé quién es el estúpido que me sujeta cuando cierran la puerta fuerte. Hijo de puta esta no es tu casa. - Te voy a soltar, pero no te atrevas a gritar. - Yo asiento y entonces soy liberada y veo quien se atrevió a poner sus sucias manos sobre mí, además de las personas que se encuentran en mi habitación como si este fuera un lugar de reuniones. - ¿Es que acaso no pueden hablarme un día sin tener que cubrirme la boca? - Me quejo cruzándome de brazos. - No saben tratar una dama. - Tú no eres una dama y lo sabes perfectamente, no te creas la gran cosa ahora. - Responde “el jefe” que se encuentra con todo su equipo de gorilas de confianza invadiendo mi habitación. - ¿Qué es lo que quieres? - Pregunto ya irritada. - Yo soy tu jefe y no me gustó nada lo que vi anoche. - Respondió con desdén y yo levanté una ceja sin entender a qué se refería. - ¿Y qué fue lo que viste? Las personas suelen distorsionar las cosas que perciben para interpretarlas como se les da la gana. - Le pregunté mirando mis uñas como si fuera la cosa más interesante del mundo, sin previo aviso me tomó del cabello y me haló con fuerza provocándome un fuerte dolor de cabeza. - Tú sabes bien lo que vi y más te vale acatar mis órdenes sino quieres sufrir las consecuencias... - Dice en mi oído de manera amenazante y hace una pausa - Sabes que con solo tronar los dedos puedo quitarte todo lo que te di y dejarte sin nada, incluso quitarte hasta lo poco que tenías.  - Suéltame. - Logro decir jadeando y él lo hace, mi respiración está agitada y mi corazón late rápido, aún más cuando noto su mirada llena de lujuria y perversidad. Oh mierda. No me gusta esa mirada.  - ¿Sabes? me dieron ganas de divertirme un poco y recordarte lo que eres en realidad porque me parece que te estás creyendo la realidad que te intenté. - Le hace una seña a sus hombres y estos me toman de los brazos y me lanzan fuerte sobre la cama haciendo que me golpee la cabeza con el espaldar de la misma y quede aturdida, siento un peso sobre mí y logro ver a “el jefe” encima mío con el pecho descubierto, ya sus hombres no estaban y sentí como me arrancaba la diminuta ropa que me cubría, no pude defenderme una vez más porque me sostuvo del cuello asfixiándome cada cierto tiempo, todos los recuerdos pasan por mi mente, recuerdos de esa horrible noche que me marcó para toda la vida, que me quitó la razón de ser. Todo vuelve a mi mente después de varios años. Soy poseída por el jefe, todo mi cuerpo vuelve a sentirse asqueado con cada una de sus embestidas, y yo siento como vuelvo a ser la prostituta que fui durante todos estos años, o como dijo él hace unos minutos, lo que nunca dejaré de ser, me hace recordar lo que soy, me puso en varias posiciones yo no ponía resistencia, solo reaccionaba en automático como me ponía cada vez que lo hacía con los hombres que me pagaban en las calles, si quisiera podría resistir, pero igual no serviría de nada. Mi cuerpo ya no tenía fuerza y mi cabeza quería estallar. Me acarició todo el cuerpo desde mi cuello hasta mi parte intima, me colocó su m*****o en mi boca y yo solo obedecía, después de todo solo soy y siempre seré una prostituta. Mi trabajo es hacer a los hombres sentir un placer intenso así que hice mi trabajo. Chupé su m*****o y lo acaricié, masajeé sus testículos, aunque me dieran arcadas, pase toda su masculinidad por mis labios y fui bajando hasta mis pechos donde le permití restregarme su m*****o de un lado a otro y apretar mis senos con sus manos rudas y gruesas, cedí fácilmente ante todo, a que metiera sus dedos en mi sexo en un pésimo intento de hacerme sentir placer, a que me rozara su pene una y otra vez entre mis labios vaginales, a que me penetrara una y otra vez, apretando mis senos tan fuerte que dolía, sin embargo, parecía ser insaciable porque aunque ya se había corrido más de una vez dejando su semen en mi abdomen, mi rostro y mis senos, rápidamente volvió a la marcha una y otra vez.  Cuando ya terminamos me quedé sentada sobre la cama mientras él se vestía sin decir palabra alguna, ni que me importara escucharlas, miraba hacia un punto fijo en mi cuarto mientras pensaba como me vengaría de esta porque claramente no me quedaría de brazos cruzados. - Tan exquisita como me lo había imaginado, o mejor aún. - Dijo saboreando sus labios. - No me sorprende lo buena que eres en la cama con la experiencia que tienes, espero que eso lo sepas usar a tu favor para cumplir tu trabajo. - Me dice colocándose su chamarra. - Aquí está tu paga, tampoco creas que no te iba a pagar y espero que nunca olvides tu lugar porque siempre serás sólo una prostituta. – Me recalca las últimas palabras agarrándome de las mejillas y deja un sobre encima de la mesita de noche al salir de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Me dirigí al baño para volver a bañarme como lo hacía hace un par de semanas, me adentré en la bañera y dejé que el agua corriera por mi cuerpo, para tratar de alejar el modo en que me sentía, otra vez sucia y manchada como aquella vez. Otra vez usada. Salgo del baño y ya es casi mediodía, hoy no voy a ir a trabajar ni siquiera he pensado en hacerlo así que busco ropa en el armario y me decido por unos pantalones de mezclilla y una blusa de tirantes negra, amarro mi cabello en una cola alta y me lo dejo mojado para que hagan rizos naturales, sólo uso mi crema favorita para mantenerlo protegido. Me pongo unos converse para poder caminar, tomo las llaves de la casa y me encamino a no sé dónde solo dejo que mis pies me guíen. Quiero estar lejos de aquí. Llevo rato caminando y por casualidad llego al callejón donde se encuentra la casa de Harry, tengo varios días que no hablo con él o mejor dicho semanas, a “el gato” y “Juncas” los veo a veces, pero Harry siempre ha sido más reservado. Siento unos pasos detrás de mí y me giro de inmediato un poco asustada, pero al ver como el sol ilumina ese cabello rojo siento un alivio grande que invade mi pecho y sin pensarlo dos veces me lanzo a sus brazos sollozando como una niña, él sin dudarlo corresponde al abrazo y me aferra a su pecho mientras yo mojo su polo con mis lágrimas saladas que no paran de salir. Después de unos minutos abrazados Harry me separa de él para mirarme los ojos con cara de preocupación. No malinterpreten las cosas Harry y yo nos hemos hecho muy amigos después de que prometimos no volver a usar esa estúpida droga afrodisíaca. - ¿Qué te pasa? - Me pregunta, pero mis lágrimas vuelven a salir. - Vamos a entrar a mi casa ¿Vale? - Yo asiento en respuesta y caminamos hasta la casa de Harry, él abre la puerta con una de sus llaves y me abre camino para que entre, yo entro primero y él detrás de mí cerrando la puerta. - Ahora sí, cuéntame. - Dice sentándonos en uno de los sofás. - No es algo que pueda contar. - Le digo sorbiendo por mi nariz, era demasiado delicado ese asunto porque tendría que explicar cómo “el jefe” tiene la accesibilidad de llegar donde mí y hacerme eso o mejor dicho hacerlo, no sería por simple gusto. Él asiente y se levanta del mueble, va a la cocina y vuelve con una taza de té que me ofrece y yo acepto, se instala un silencio de esos que no son incómodos, sino que se agradecen. Harry no vuelve a preguntar nada y se lo agradezco muchísimo, vuelven a pasar esas imágenes por mi cabeza y las lágrimas amenazan con salir nuevamente, pero Harry las nota y se acerca a mi envolviéndome en un cálido abrazo que dura más de lo que pensé que podría abrazar a alguien. Después de un rato abrazados me separo de él. - Gracias. - Él esboza una sonrisa mostrándome sus perfectos dientes blancos. Es adorable. - No es nada. - Responde restándole importancia. - Puedes contar conmigo y confiar en mí. - Me dice mientras limpia mis lágrimas con sus pulgares, vuelvo y lo abrazo, pero esta vez más fugaz. - Me tengo que ir. - Le digo poniéndome de pie, él asiente y le doy un beso en la mejilla antes de salir cerrando la puerta. Camino las calles del barrio hasta mi casa, Harry es un buen amigo, pero no sé si puedo contarle todo lo que me ha pasado, solo “el gato” y el Juncas lo saben ya que crecieron conmigo son como los hermanos que nunca tuve. Llego a la casa y entro, suspiro al notar que aún no hay nadie. Entro en mi habitación y busco mi celular, cuando lo encuentro veo que son las tres y doce de la tarde, el tiempo pasa rápido, supongo que mi madre y Vanessa ya están en la biblioteca y ellas piensan que yo estoy en la constructora. Tomo un vaso de agua y me dejo caer en mi cama para intentar dormir, logro conciliar el sueño en unos pocos minutos y con la esperanza de que mañana sea un nuevo día.
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