Toco el timbre tres veces desesperada, hasta el punto que quiero golpear la puerta con mi puño pero, me contengo, sé que Max ya sospecha algo, aún así si no le digo nada no puede estar seguro y hablar con Alex. Alguien abre la puerta y sin fijarme de quien se trata paso haciéndola a un lado, camino directamente hacia las escaleras y como si supiera donde está exactamente voy a su despacho. Tomo la manija de la puerta y empujo hacia dentro encontrándolo sentado en su escritorio, levanta la mirada y me escanea sin inmutarse. —¿Qué quieres de mí, Alessandro? —tiro de la puerta detrás de mí azotándola. Se inclina hacia atrás y me mira tranquilamente, pasa mechones detrás de su oreja. —Supongo que leíste el contrato —comenta. —¿Para qué esas malditas condiciones? ¿Eh? —Un falso mat