Enserio no podía creer que mamá le hubiera llamado a mi padre para contarle lo sucedido con el asalto. Sabía perfectamente que aquello traería una tormenta de complicaciones a mi vida, y un drama familiar innecesario era precisamente lo último que deseaba lidiar en este momento de mi recuperación. —Tenía que decírselo, hija. Es tu padre, y por muy distanciados que estemos, tiene todo el derecho de saber cuando a su única hija le ocurre algo grave —respondió mamá con una tranquilidad pasmosa mientras doblaba unas sábanas en la sala. —Mamá, tú conoces el carácter de papá —dije exasperada, sintiendo cómo el pulso se me aceleraba de pura ansiedad—. Sabes perfectamente que es capaz de venir hasta aquí de inmediato, armar un escándalo monumental, y lo que menos quiero es un enfrentamiento de e

