—Un poco de diversión genuina —respondió ella encogiéndose de hombros con desdén—. Y créeme que será mucho más divertido ahora que sé perfectamente que le perteneces a uno de esos chuchos apestosos. —Soltó una risa cristalina pero cargada de una crueldad infinita. Al verla ponerse en cuclillas frente a mí, la luz de los faros me permitió notar la verdad aterrorizante: era un vampiro. Su larga melena ondulada caía perfectamente sobre uno de sus hombros, y al fijar sus ojos carmesí en la sangre que manchaba mi brazo izquierdo, se relamió los labios lentamente con la punta de la lengua, saboreando el momento. —Ya puedo imaginar la cara de sufrimiento absoluto que pondrá tu precioso lobo cuando te deje sin una sola gota de sangre en este frágil y patético cuerpo indefenso. Comprendí con hor

