—¿Señor Lorenz? —hablé hacia afuera, intentando comprobar si se encontraba bien entre la penumbra. Cuando lo vi asomarse de nuevo por la puerta del conductor, exhalé un suspiro de alivio. —Algo cayó encima de la tapa y la abolló por completo —comentó con el ceño fruncido antes de intentar encender el motor otra vez, logrando que este respondiera con un ronroneo mecánico—. Bien, ahora déjame salir un segundo más para asegurar bien la pieza antes de seguir. En cuanto salió del vehículo por segunda vez, se quedó completamente inmóvil, con la mirada fija en un punto específico entre la espesura de los árboles que bordeaban la carretera. Intenté mirar hacia donde él dirigía su atención, pero la oscuridad era tan densa que mis ojos no lograban descifrar absolutamente nada. —¿Puedo ayudarte e

