Me sentía mal porque papá era incapaz de ver a Cassian con los mismos ojos con los que nosotras lo hacíamos, y eso me molestaba en lo más profundo. Ni siquiera intentaba darle una oportunidad real para demostrarle que en verdad quería construir algo serio conmigo. —Déjalo en paz por ahora, hija; ya entenderá tarde o temprano que eres perfectamente capaz de tomar tus propias decisiones en la vida —dijo mamá antes de irse y entrar también a su dormitorio. Yo hice exactamente lo mismo, refugiándome en el silencio de mi alcoba. Yo sabía perfectamente que Cassian ocultaba muchos secretos bajo esa fachada impenetrable, pero lo que me carcomía la cabeza eran las advertencias de papá. Creí que todo se debía a los típicos temores sobre la intimidad física, pero me equivoqué rotundamente: me dejó

