CAPÍTULO 51

1952 Palabras

El sonido de la campana de la entrada de La Dolce Vita no tiene su brillo habitual; suena sordo, amortiguado por la humedad que aún flota en el ambiente, pero ya hay un progreso. Me encuentro en mitad del local cuando veo aparecer a Spencer, Drew y Lola. Los había llamado temprano, necesitando desesperadamente ver rostros que no me miraran con lástima o con la desesperanza de perder sus empleos. —¡Stella! —exclama Lola, corriendo hacia mí a pesar del suelo resbaladizo. Su rostro se contrae en una mueca al ver el estado de las mesas, pero me rodea con un abrazo que huele a normalidad, a café recién hecho y a vida cotidiana. Dios mío, nena, lo sentimos tanto. Vinimos en cuanto pudimos. Drew y Spencer se quedan un paso atrás, observando el desastre con la solemnidad de quien visita un velat

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