CAPÍTULO 31

2471 Palabras

Me detengo frente al espejo de cuerpo entero que preside el vestidor de Alistair, una pieza de cristal tres sesenta que parece juzgarme antes incluso de que yo pueda juzgarme a mí misma. La iluminación del vestidor cuenta con un sistema de LEDs cálidos empotrados en el techo; bañan mi figura con una claridad implacable. No hay sombras donde esconderse. Llevo puesto un vestido de corte A que me llega a la mitad de los muslos, de un azul oscuro tan profundo que en la penumbra podría pasar por n***o, pero que bajo la luz revela destellos de un zafiro nocturno. El cinturón dorado, una cadena delicada pero firme, acentúa mi cintura, recordándome que, a pesar del estrés de los últimos días, mi cuerpo sigue ahí, vibrando bajo la tela. Las sandalias nude que Alistair había mandado traer junto a o

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