CAPÍTULO 32

2210 Palabras

El silencio en la habitación principal es una criatura viva, pesada y asfixiante. Me he quedado allí, ovillada en el suelo alfombrado, con la espalda presionada contra la madera fría de la puerta. Tengo la cabeza hundida entre las rodillas con los dedos entrelazados con tanta fuerza que mis nudillos se han blanqueado. Estoy librando una guerra interna; lucho por mantener la respiración acompasada, por no dejar que el pánico gane y, sobre todo, por no llorar como esa niña asustada que fui en el pasado, la que aprendió que el silencio era la única forma de seguridad. Un golpe suave, casi un susurro sobre la madera, me hace saltar. El corazón me da un vuelco violento, golpeando contra mis costillas con un ritmo errático. Me quedo inmóvil, esperando que sea una alucinación producto del agotam

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