CAPÍTULO 61

1411 Palabras

Caminar al lado de Alistair de regreso al interior de la casa es como avanzar a través de un campo minado donde cada centímetro de aire vibra con el eco del beso que acabamos de compartir. Mi piel aún se siente electrificada, una reacción en cadena que comenzó en el jardín y que se niega a morir. El contraste es brutal: en mi habitación, el sobre con el dinero de las esmeraldas de mi nonna pesa como si estuviera lleno de plomo, recordándome mi precariedad; en mi boca, el sabor de Alistair permanece como una promesa de algo que no debería desear. En cuanto cruzamos el umbral, el ambiente de la mansión me recibe con una calidez inusual. El olor a la tarta de frutos rojos que horneé hace un rato se ha mezclado con el aroma de la cena que Lynette está preparando. Es un perfume de hogar, de co

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