CAPÍTULO 90-3

1198 Palabras

Mis palabras salen apenas con seguridad. Pero se oyen más como si me faltara el aire. El abogado me mira por encima de sus gafas y luego mira a Alistair, quien permanece inmóvil, como una estatua de sal. —Como sabes, Stella —continúa Lorenzo—, no hay un acuerdo prenupcial firmado entre ustedes, lo cual complica la división de activos según la ley de California, pero... —Siempre he dejado claro que no quiero nada de Alistair —lo corto en seco, sintiendo que el orgullo me sube por la garganta como bilis. Miro a Alistair directamente—. No quiero un centavo de tu fortuna. Lo hemos hablado mil veces. No necesito su caridad. Ambos me miran. Alistair entrecierra los ojos y, por un momento, la máscara de frialdad se agrieta. —Este es el satisfaction of mortgage que me ha enviado el banco esta

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