Lorenzo asiente rápidamente, dándose cuenta de que no hay espacio para el debate. Recoge su maletín y su portátil con movimientos torpes, casi cómicos si la situación no fuera tan trágica. Me lanza una mirada rápida, una mezcla de lástima y profesionalismo distante. —Buenas noches —murmura, evitando mis ojos antes de salir de la oficina casi a la carrera. El sonido de la puerta al cerrarse es como un mazo golpeando un yunque. Me quedo allí, mirando la madera oscura de la puerta, sintiendo que el aire se vuelve más espeso. Alistair suspira, un sonido largo y pesado que parece vaciarlo por un momento. Se pasa las manos por el pelo, desordenando esos mechones rubios que siempre suelen estar perfectos, y luego se gira hacia mí. Se acerca lentamente mientras yo retrocedo un paso, chocando c

