El ascensor ascendía en silencio, el sonido mecánico del motor llenando el espacio reducido. Llevaba la gorra baja y las gafas cubriendo mis ojos, consciente de cada cámara de seguridad que podía estar captando nuestra presencia. Asher permanecía tranquilo a mi lado, su postura relajada, como si esta situación no estuviera cargada de riesgos. Cuando las puertas se abrieron, nos adentramos en un pasillo vacío, iluminado por luces frías que hacían que el lugar se sintiera aún más solemne. Entonces, un hombre de traje nos interceptó. El director del hospital. Su expresión se iluminó al ver a Asher. —Es bueno verte, Asher. —Lo mismo digo, Doctor Garret. —La respuesta de Asher fue casual, pero su mirada tenía un propósito claro. Luego, el director me observó. Hubo algo en su

