El brillo de las pantallas era la única luz en la habitación. Horas de vigilancia, de análisis, de observación minuciosa, pero nada me preparó para lo que apareció en una de ellas. Christine. Mi respiración se detuvo por un instante cuando la vi salir de su habitación en el hospital, todo lo demás desapareció, el monitoreo de Michael, los puntos ciegos, la estrategia de vigilancia. Nada más importaba. Instintivamente, mi mano se levantó, mis dedos rozando la pantalla como si al tocarla pudiera sentir su presencia. Sabía que no era real, que solo eran imágenes transmitidas en vivo, pero verla moverse, verla existir en un espacio que yo ya no compartía con ella… Era suficiente para hacerme olvidar todo, al menos por unos segundos. Observé cada movimiento de Christine en la pantalla, mi

