Me quité el casco con movimientos calculados, sintiendo el aire frío de la noche rozar mi piel. La oscuridad seguía envolviendo la calle, y con cada paso hacia el edificio de Michael, me aseguraba de mantenerme en las sombras. Las luces de linternas comenzaron a moverse en la distancia, guardias de seguridad, su rutina de emergencia era predecible. Sus movimientos calculados, pero fáciles de anticipar. No era la primera vez que los observaba, al menos lo había hecho desde las cámaras. Sabía dónde giraban, dónde iluminaban, dónde jamás miraban. Me deslicé entre los puntos ciegos sin esfuerzo, mi cuerpo moviéndose como si el espacio fuera mío. Ellos pasaron a pocos metros de mí. Las luces parpadearon, recorriendo la acera, el estacionamiento, las puertas de los locales cerrados

