Marcus Odié a Alan desde el momento en que miró a Leilah con tanto odio reflejado en sus ojos, como si el imbécil no supiera que ella había estado detrás de él durante gran parte de su vida y éste se había dado la gran bomba de no hacerle caso, sino hasta ahora. Bien, Leilah le había mentido y eso era una mierda, pero al menos ya el muy idiota sabía que no debía postergar algo tan importante como el amor, así como yo había hecho y ahora pagaba las consecuencias también. — Déjame... déjame explicarte — suplicó mi prima y de inmediato comencé a acercarme a ella, al mismo tiempo que los murmullos se alzaban. Malditos estirados, como si no tuvieran un culo que mirar… el de ellos, por ejemplo. Detestaba que Leilah se hiciera eso y encima, que fuera humillada por el maldito de Beresford.

