Marcus Joder, estaba terriblemente nervioso al pedirle a Hillary hablar solas, quizás porque sabía que ella no iba a ceder facilmente. Maldita sea, no debí decirle esas cosas. ¿Por qué siempre mi inconsciente lengua me traicionaba? Escuché la conversación y lo que le dijo a Leilah y no pude evitar sonreír, al menos teníamos en común que ambos éramos brutalmente honestos. “No creo que las haya enviado Alan, ni tampoco que el profe haya participado en ése escándalo solo por joder”. Odiaba admitirlo, pero el imbécil de Roberts en verdad parecía enamorado de Leilah, sólo que esta era tan cabeza dura como yo lo había sido, así que obligarla a algo o insistirle, seguramente sólo sería contraproducente. Hillary entró con recelo, mirando a todos lados, como si quisiera hallar a alguien má

