Prólogo

760 Palabras
Corre Alina, corre y no mires atrás.Tienes que huir de ellos, no puedes dejar que te atrapen de nuevo. No puedes volver, no puedes dejar que te hagan más daño. Tienes que ser fuerte, tienes que volver con papá y tus hermanos. Tienes que llegar a la manada como sea, tienes que volver con ellos. Me repetía todo aquello como si de un mantra se tratase. Desde que logré salir de ese agujero asqueroso y oscuro lo único que podía repetirme es que tenía que ser fuerte y que tenía que volver con mi familia. — ¿Creías que no te encontraría? – su voz rasposa se siente invasiva en mis oídos. – Tus pensamientos se oyen a kilómetros, cachorra. – se carcajea. – Eres solo una niña malcriada, una niña que no sabe hacer nada por si sola y que siempre necesita de su papaito. En otro momento, bajo otras circunstancias menos estresantes me hubiese sentido ofendida por su forma insolente al hablarme y le hubiese contestado algo ofensivo como me enseñó papá que tenía que hacer. Pero en vez de hablar me sale un gruñido, pero hay algo extraño con él. Mi gruñido sonaba externo, raro, más fuerte que el gruñido normal de mi padre en su forma de lobo. Al mirar hacia atrás lo veo cerca de mi, pero su cara ya no es de placer por estar persiguiendo una presa, sino con algo parecido al miedo. — Es imposible. – ambos nos detenemos. – Todavía no has alcanzado la madurez para transformarte, ningún lobo lo consigue antes de los dieciséis. – doy un paso hacia él aprovechando su miedo, retrocede. – Esto es imposible, ¿cómo una mujer puede ser un alfa? Algo pasa en mi cuerpo, algo externo a mi propio comportamiento durante las noches de luna llena. Sin darle tiempo a decir una palabra más me lanzo contra él y con mis fauces le desagarro el cuello de un solo mordisco. Necesitaba salir por completo de esa área del bosque para que ninguno de esos hombres pudiese encontrarme. Necesito salir ya. A base de olores conseguí guiarme, tengo que agradecerle demasiado a mi preciosa loba, Reina, a la que por cierto acabo de conocer. Es mal momento para conocer a tu parte animal, casi diría que es el peor momento. No sé por cuanto tiempo estuvo corriendo, siempre en dirección contraria al viento para que si alguno de ellos me estuviese siguiendo no le fuese tan fácil localizarme gracias a su olfato de lobo. Casi grito de felicidad cuando consigo ver los límites de mi manada. Supongo que Reina sabe orientarse mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo en estas circunstancias tan extrañas. — Alto ser de la oscuridad. – me detiene un hombre como si fuese un demonio. – Deja que te veamos, no te escondas. Me acerco un poco más para que puedan verme con las luces de sus linternas. Al verme, Burno, uno de los omegas de mi padre, y Caleb, su beta por excelencia, se sorprenden como si estuviesen esperando a otra persona. ¿Me han llamado ser de la oscuridad? No soy un demonio. Caleb se apresura a ponerme su chaqueta por encima al darse cuenta de mis ropas desgarradas, aunque yo no tengo mucho frío. — Ya estás en casa. – me susurran ambos como si temiesen que fuese un espejismo. El camino hasta mi casa se me hace eterno, siempre me ha parecido muy corto pero hoy justamente me pesa tanto el cuerpo por el cansancio que se me hace demasiado largo. Al entrar en casa, el olor familiar de mis hermanos mayores y mi padre me arropan como una manta arropa a un bebé. Los he echado tanto de menos. Nada más verme mis hermanos mayor, Anton y Ángel vinieron a darme uno de esos abrazos que se sienten tan especiales. Papá se queda el último, pero se siente tan bien como siempre. — Papi. – susurro contra su cuello. — Mi niña. – aspira mi olor como si temiese volver a perderme. Me siento mareada, cansada y no por correr. Siento que algo extraño le está pasando a mi cuerpo, y aunque me resisto no puedo hacer nada por detenerlo. — Mierda, ha empezado antes de tiempo. Me desmayo antes de poder entender que es lo que ha empezado. Y aunque no lo entendía, no podía comprenderlo en ese momento, sabía que nada en mi vida volvería a ser la que conocía. Sabía bien que por segunda vez en mi vida, algo había cambiado.
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