Capitulo 1

1583 Palabras
Oigo el sonido de mi puerta al ser abierta por alguien y aunque la curiosidad y mi propio instinto me instan a abrir los ojos, prefiero no hacerlo. Quiero intentar seguir durmiendo, pero aunque esas son mis intenciones está claro que no son las de la persona que ha decidido entrar a mi habitación sin llamar y sin mi previo permiso. Me molesta que no respeten mi privacidad, siempre pido que llamen primero a mi puerta, al menos que me den tiempo a decir que no aunque entren. — Alina es hora de que te levantes o llegarás tarde el primer día de clase, otra vez. – me despierta mi padre. Era obvio que se iba a tratar de mi padre, siempre es él que me despierta cuando apago la alarma de mi móvil para dormir cinco minutos más que nunca son cinco minutos. Llegar temprano al instituto no es mi fuerte en absoluto. — No quiero ir, no quiero levantarme. – me quejo. Mi padre no responde, y su silencio es siempre peligroso. No me gusta cuando mi padre parece aceptar mi negativa a la primera, eso no suele pasar nunca. Y por supuesto no pasa, en segundos me encuentro empapada. — ¡j***r papá! Está congelada. – tirito. – ¿Quieres que me muera de frío? – le chillo mientras sigo tiritando. – No había agua un poco más caliente, ¿de dónde la has sacado?¿directa del río? – por supuesto el gran alfa no contesta y solo se va de mi habitación mientras se ríe. Ya bastante despierta acabo teniendo que levantarme de la cama, no hay forma de que vuelva a ella estando mojada. Me doy una ducha rápida, nada de lavarme el pelo o llegaré tarde, de nuevo, por lo general llego justa de tiempo al instituto pero los primeros días me cuestan más que el resto de la semana. Elijo ropa ligera pero bonita para el primer día de clase, tonta y fea no me puedo sentir el mismo día. Al verme en el espejo me siento complacida con la imagen que me devuelve, estoy preciosa como siempre. Antes de salir de la habitación peino mi cabello para que no parezca que me han atacado dos cachorros. Mientras bajo las escaleras voy revisando mi móvil, así que no le presto demasiada atención a las personas que hay en la sala de nuestra casa. Debería prestar más atención para no morirme de un susto. — Feliz cumpleaños, hermanita. – me gritan en cuanto entro a la cocina. Están todos en la cocina, es raro ver a mis hermanos más mayores en la casa puesto que ya no viven con nosotros. Anton, Ángel, Fabián y Robin me miran sabiendo que me he olvidado completamente de que es mi cumpleaños, y el de mis hermanos gemelos, Anton y Ángel. Hay que ser despistada como para olvidarse de tu propio cumpleaños. En especial un cumpleaños que todo el mundo celebra con tanto entusiasmo. Los gemelos y yo somos raros desde que mi madre estaba embarazada de nosotros, un embarazo de trillizos. Si ya es poco común entre humanos, lo es aún más cuando se trata de hombres lobos, y más si tenemos en cuenta que mis padres tuvieron híbridos al tener hijos pero ser de dos especies distintas. — Felicidades también para mis hermanitos gemelos. – los abrazo con entusiasmo mientras papá y Záfiro, nuestra bruja, se ríen de mi. — Se te había olvidado, ¿verdad? – agacho la cabeza ligeramente avergonzada, es cierto que se me había olvidado por completo. Pero a ellos no les importa y me dan un abrazo. Lo amo. — No te preocupes peque, te entendemos. – hablan al mismo tiempo, escalofriante. — Ser la próxima Alfa y que aún nadie lo sepa debe estar estresándose mucho. – me anima Ángel. — Y peor tiene que ser que toda la manada crea que aún no has pasado por la transformación cuando ya tienes diecisiete. – miro mal a Anton, no tenía que decir eso. – Nosotros te queremos igual, despistada. – se burla de mi. — Son muy graciosos. – me suelto de su abrazo para saludar a nuestros hermanos mayores. – ¿Se quedaran mucho? — Sabes que no. – miro con un puchero a Robin. – Seguiremos en contacto, sabes que nosotros no pertenecemos a la manada. — Os echo de menos. — Y nosotros a vosotros. – sonríe Fabian. – Pero seguimos sin pertenecer a la manada. – gruño. – No pienses en eso, te sentará mal al estómago. Es tu cumpleaños, tienes que estar feliz. Desayunamos todos juntos, como hacía tiempo que no hacíamos. Poco después mis hermanos mayores se van a cumplir sus deberes como reyes demonios. Es curioso como ellos adquirieron la naturaleza de mamá, sin a penas rastros de una parte loba. Desde pequeña pensé que los híbridos tendríamos un poco de todo, pero no. Mis hermanos y yo nos montamos en nuestros respectivos coches, fueron nuestros regalos de dieciséis. Vamos al instituto, no sin antes pasar por la pareja destinada de Ángel, Camille, hija del beta de mi padre. De camino también pasamos a por Set y Sephora, dos de mis mejores amigos. Sin ellos mis días en el instituto no serían tan divertidos. Adoro a ese par, aunque se la pasen discutiendo, igual que hacemos mis hermanos y yo. Odio ir al instituto en el hay vampiros, lobos, brujos y demonios, que es si no es el jodido problema. Mi problema no son ni los brujos, ni los demonios, ni los vampiros sino los lobos que se burlan de mi por no haberme transformado. En especial se burlan de mi los hijos de otras manadas, los Alfas de otras manadas, puesto que a este instituto asistimos tres manadas distintas que convivimos en paz y armonía gracias a un tratado milenario que a veces me encantaría romper. Mis hermanos me han dicho muchas veces que cuente que soy una Alfa, y que pasé por mi transformación dos años antes de lo que debería, pero la verdad es que tengo miedo. Tengo demasiado miedo de que mi propia manada me rechace, no hay alfas mujeres. Soy consciente de que debo decirlo puesto que mis hermanos no se han manifestado como Alfas a pesar de haber pasado por su transformación. Tengo que anunciarlo antes de los dieciocho, porque fue el plazo que me dio mi padre pero eso fue hace ya tres años. El tiempo se me echa encima y yo aún no sé de que forma decirle a nadie que soy la Alfa de una de las mayores manadas del continente. Tengo miedo de no ser suficiente, de no ser tan buena como mi padre. Tengo miedo de decepcionar a todo el muno. Bajamos de los coches y una loba muy idiota, la hermana de Ryan, el hijo del Alfa de la manada Luna Nueva por tanto Ryan es el próximo Alfa; nos insulta. No es nuevo, los lobos de mi propia manada suelen guardarle sus comentarios sobre mi no transformación por miedo a las represalias de mi padre, ¿pero qué miedo van a tener los miembros de otras manadas? En especial cuando sus padres también son alfas como el mío. — Mirar, la hija de un Alfa que ni loba es. – se ríe de mi. – Eres una vergüenza para los de nuestra especie Alina, quizás te vendría mejor con la especie de tu madre. Antes de que pueda cometer una locura ante la mención de mi madre, Sephora me agarra del brazo y me obliga a alejarme de los conflictos. A mi me encantan los jodidos conflictos, pero tengo que comportarme. — No le hagas caso, Alina, solo quiere provocarte. Prefiero no contestarle, no porque no voy a ser simpática, ni tan siquiera creo que pueda controlarme si digo una palabra. Así que me limito a andar a su lado hasta la clase de literatura. Encima empiezo el curso con una de las clases que más odio, y no por la asignatura en si. Me encanta la literatura, pero odio a la profesora que la imparte porque se mete siempre donde no la llama. Odio demasiado a las personas entrometidas como ella. No tendría que hacer muchas de las preguntas que me hace, debería importarle poco y nada la vida privada de su Alfa. Y en especial me irrita porque se cree que puede ser la próxima Luna de mi manada, y antes la mato que dejar que eso pase. Mi padre no tendrá otra pareja hasta que la propia Diosa se la otorgue. Y con lo mucho que la Diosa quería a mi madre, estoy segura de que eso no ocurrirá. — Alina. – me llama nada más cruzar la puerta de la clase. — Señorita Altman. – digo entre dientes, ella por supuesto me mira con una sonrisa falda. – ¿Necesita algo? — Nada más quería felicitarla por su cumpleaños número diecisiete, y si no es muy invasivo preguntar sobre su padre. — ¿Pregunta por mi padre porque quiere decirle algo sobre el instituto? – niega con la cabeza. – En ese entonces no tiene que preguntar sobre su Alfa. – le sonrío con sarcasmo y me alejo tanto como puedo de ella. Al sentarme al lado de Sephora tengo que poner de todo mi autocontrol para no gruñir en dirección a la profesora. Y para calmarme con el jodido inicio de curso. Siempre es la misma mierda.
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