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1200 Palabras
Estoy pegada a Killian con el pegamento más fuerte posible, aferrada a su brazo me niego a dar dos pasos sola por aquí, aunque empiezo a sofocarme. Sobretodo cuando nos encontramos con mi familia y Roy, y me siento en mitad de una guerra. —Todavía no he visto mi dinero —replica Killian. Carl y él se replican algunas cosas más pero yo no dejo de mirar a mi madre y a mi hermana. Ni aquí, en un evento rodeados de personas y sin estar siquiera con ellos, me siento juzgada, casi atrapada, y no quiero que esto sea así. —Te has quitado el tinte —comenta mi madre. —Sí. —Tienes el pelo muy maltratado —dice Jess y nuestra madre le regaña. ¿Y cómo quiere que lo tenga si me llevan tiñendo el pelo desde que tengo memoria? —Es tarde para eso, ya es una malcriada —digo. Yo jamás les hubiera hablado así antes. —¿Podemos hablar a solas? Killian responde por mi con una rotunda negación y afianza más su mano a la mía. Pero no estoy toda la noche con él aunque gran parte de las horas nos encontramos con gente y él habla de sus cosas, de drogas y armas y de territorios, y yo solo estoy de florero. —Primera vez que traes a una mujer contigo —comenta un hombre, y a pesar de ir con una mujer del brazo, su forma de mirarme solo hace que me apriete contra el costado de Killian—. Y muy guapa. ¿Cobra? ¿Que si qué? —Es mi mujer —suelta Killian, con un tono de voz que haría temblar a cualquiera—. No es una puta como la tuya. Eso pasa tres veces en toda la noche y ya estoy harta de esa insinuación. ¿De verdad parezco una puta? ¿Es la sensación que damos estando juntos? —¿Tanto te costaba tener un trabajo normal? —refunfuño. Lo escucho reírse tan bajo que creo que me lo he imaginado. Su brazo se envuelve en mi cintura y me acerca a él buscando mis labios con los suyos. Por lo menos estoy con él. —Estamos aquí y te has puesto este vestido —sus manos arrugan la tela en mi cadera, y me estremezco entera—. Merece la pena, ¿no? —No sé... —La merecerá cuando te lo quite esta noche. Sonrío y como una tonta le doy un ligero golpe en el pecho. Sé que la gente nos mira, no parezco muy secuestrada. A eso de las once hay una reunión privada y los acompañantes tenemos que quedarnos fuera de la sala. Killian me deja su americana y si pudiera me la abrocharía hasta el cuello. —No te la quites —me dice y me prácticamente me esconde en ella. Me siento más segura teniendo algo suyo—. Y si pasa algo tienes que decir que eres mía. —Lo sé. Asiente, unos mechones de pelo oscuro le caen por la frente y levanto la mano para apartárselos. Se acerca más a mi, hasta que me besa de verdad y mi pintalabios rojo se queda un poco en él. Me río y se lo intento quitar. —Parece que te los has pintado —me río. Se pasa el dorso de la mano y se lo quita, pero me da otro beso. —No voy a tardar. Nos iremos a mi casa y me vas a enseñar esa lencería. Y que no te jodan, eres mía y tienes que ser una mujer fuerte. Yo asiento con la cabeza y tanto él como Roy me dejan a cargo del acompañante de Roy, un hombre gigante con tatuajes hasta la cara que no deja de intimidarme, no puedo ni moverme del sitio. Me siento muy desprotegida y soy consciente como mucha gente mi mira. Mi madre y Jess están al otro lado del club social, ellas van sin escolta como la mayoría de mujeres y los pocos hombres que hay. Estoy temblando. —¿A dónde crees que vas? —me pregunta el hombre. Tiene la voz tan ronca que me paraliza. —Umm... ¿Al baño? Al baño —aseguro. Él asiente y yo huyo al baño. Está completamente vacío y puedo tomarme mi tiempo sentada sobre la taza del váter para descansar los pies de estos tacones de aguja. Me hundo más en la americana de Killian, huele a él, a tabaco y a su colonia. Escucho unos tacones fuera y al salir me topo de cara con mi madre. No debería haber venido sola. No quiero que crean que sigo siendo la misma de antes a la que podían maltratar. —Te está engañando, Dana —escucho la voz de mi madre—. Te tiene secuestrada. Las miro a través del espejo mientras me lavo las manos. —Vosotros también —contrataco. —Todo ha sido por tu bien. Me río. Tiene que ser una broma. —Eres una falsa y una mala madre. Eres muy mala persona y te odio no sabes cuanto, a ti y a esa estúpida familia, a Carl y a Jess. Y Killian no me ha secuestrado, yo estaba huyendo y me encontró en la carretera. Se le abre la boca y quiero cerrársela de un manotazo. Se le ve tan perfecta así vestida... con ese vestido y ese recogido en su pelo castaño... ¡Qué asco me da! Estoy apretanto las manos sin darme cuenta. Nunca he sido violenta pero tenerla delante y sintiéndome impune por primera vez me da ganas de volverme loca. —Nos está reclamando un dinero que no tenemos a cambio de que te suelte. —Os está reclamando lo que habéis robado a cambio de no soltar vuestros trapos sucios. ¿Tú sabes la de información vuestra que yo tengo en la cabeza? Suficiente para arruinaros y que desaparezcáis de mi vida. Da gracias que solo sabe de la mitad de cosas. No me siento superior a ella, pero me siento superior a lo que yo era antes a su alrededor. Quizás por los tacones que me hacen ser más alta que a ella. —Te vas a arrepentir de tratarnos así, al final somos tu familia y cuando esto se te caiga nos vas a necesitas. ¿De verdad crees que Killian te quiere? No. Sé que no me quiere, puede que nos gustemos pero querer es algo demasiado fuerte y yo tampoco sé lo que es. —Sé que no me quiere, pero él por lo menos me protege. Vosotros no hacíais ninguna de las dos. ¿Te quitas del medio? Quiero salir. Al pasar por su lado descargo mi ira golpeándole el hombro y aunque seguramente me duele más a mi que a ella, consigo salir y respirar. Hay un pequeño pasillo que da a una simple terraza y como el oraguntán que me vigilaba está ligando con una mujer, decido salir y coger aire. Pero no llego a la terraza. Alguien me envuelve la boca con un trapo y me sujeta con tanta fuerza que no puedo ni respirar.
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