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2032 Palabras
Me despierto en una cama y no estoy sola. De un salto casi me caigo de boca al suelo y Jess me mira con los ojos bien abiertos y llorosos. Mierda. —¿Dónde estamos? —me pregunta. La habitación se parece a la del club pero sé que no estoy allí. Se siente diferente y cuando tiro del pomo estamos encerradas. El bolso de Jess no está y no creo que lleve un teléfono bajo el vestido. Esto no es como lo de Killian, a Killian lo conocía.Y no tengo mis documentos salvavidas. Me duele la cabeza y cuando respiro, las fosas nasales me queman. —¿Dónde estamos? —repite. Tengo la cabezsa tan llena de cosas que me caigo de culo en la cama. No puedo escuchar más a Jess, es insoportable y sus quejidos hacen que quiera llorar. Y lloro. ¿Por qué? Yo estaba perfecta con Killian, era parte de algo y sabía dónde tenía los pies. La puerta se abre con tanta fuerza que rebota contra la pared y la silueta de un hombre se descubre con la poca luz del amanecer que se cuela por la ventana. Jess se arrincona contra la pared y yo me quiero hundir en la cama y taparme hasta la cabeza con la sábana. —Las hijas de los millonarios —suelta con sorna y nos apunta con un teléfono. Nos hace una foto—. Vamos a ver si os quieren tanto como para devolverme mis mierdas. ¿Quién era la desconocida? Este sí que me aterra. Y más cuando Jess me señala sin dudarlo y sus ojos claros se posan en mi. Sonríe de una forma escalofriante. —Así que tú eres la más importante... —dice y me cubro un poco con la sábana al ver cómo me mira—. Voy a hacer unas llamadas, espero que tarden mucho en darme lo mío porque quiero resolver algunas cosas contigo —me dice a mi. Mierda. Cuando cierra la puerta me encaro a Jess con las rodillas temblando. —¡¿Por qué has echo eso?! —Preguntaba por ti. —Eres la peor hermana del mundo. Se quita las lágrimas con fuerza. —No me importa —dice—. Me sacarán de aquí. Claro, por que para ella yo no importo nada. Ella no sabe nada. —No te van a sacar porque no tienen el dinero, estúpida. Le deben dinero a todo el mundo y viven por encima de sus posibilidades. ¡No te van a sacar! ¡Despierta de tu vida de ensueño, Jess! Esa familia está acabada. —No. ¿No? No tiene ni idea pero discutir con esta tonta no me dará nada. Me acerco a la ventana pero no se abre y la puerta tampoco. —¿Y a tí quién te va a sacar? —escucho que pregunta. No lo sé. Puede que ellos, para Carl y mi madre yo importo por la información pero a quien quieren es a Jess, seguro que si pagan será por ella. ¿Killian? Ni siquiera sé lo que tenemos y no sé si merezco tanto la pena como para meterse en este lio. —Mi padre —respondo aunque tampoco estoy tan segura. Roy se ha portado conmigo, siempre está llamando a Blake para poder hablar conmigo y ya me dijo que inba a comprarme un teléfono. Parece un padre sincero. Parece que quería recuperar el tiempo perdido. Puede que él si venga a por mi. —Sí —se ríe sin ganas y se tira de los pelos—. El jardinero. —No es jardinero, es el presidente de una banda y cuando venga me sacará solo a mi —digo. Ojalá pudiera ser así y dejarla aquí tirada por todo lo que me ha hecho, pero creo que no podría. Yo no soy ella. No puedo estar tranquila durante las horas que pasamos encerradas sin dirigirnos la palabra. Termino sentada en una esquina, tapándome todo lo que puedo con mi vestido y la cazadora de Killian y llorando a ratos cuando no sé que más hacer. Me paso las manos por la cara para quitarme las lágrimas. ¿Mis gafas? ¿Y mis gafas nuevas? Tarde, cuando es de noche y no hemos encendido la luz, no se ve nada en la habitación y escucho el rugido de coches y motos en la carretera. Me asomo a la ventana pero no tengo tiempo de ver mucho cuando la puerta se abre rápido y me sacan arrastras con Jess detrás. —¡Sueltame! —grita ella. Yo pataleo y termino subida al hombro de este hombre que me saca por una puerta trasera. El viento y sus botas levantan la grava que me llega a la nariz y me hace toser. Pataleo más y grito. —¡Dana! —escucho que gritan pero no soy capaz de ver nada cuando me tiran dentro de un coche y me golpeo la nuca. Tiran a Jess a mi lado y lucho contra el seguro para poder salir pero no funciona. —¡Killian! —grito y aporreo la ventanilla. Jess golpea la suya pero lo pierdo de vista cuando el coche acelera tan deprisa que me lanza contra los asientos. El motor ruge y las gotas de lluvia que avecinan una tormenta golpean con fuerza el coche. El hombre que conduce no es el mismo de esta mañana, es otro hombre y que conduzca como un loco no mejora mis nervios ni nada de esta situación. La carretera está vacía, vía libre para que corra como un loco y nos matemos, pero por detrás se acerca un coche: el deportivo de Killian y vuelvo a batallar para abrir la puerta. —¡j***r! Estate quieta. Vamos a tener un accidente por tu culpa. —Mira Jess, cierra la boca porque cada vez que la abres no aportas nada. —¡Silencio! No quiero tener dos niñas discutiendo. Por la radio del coche suena una interferencia y luego una voz ronca: —Tráelas a mi casa, si no llegan estás muerto. Aceleramos más, gira una curva como si fuera la última y Jess se me aplasta encima. Me la quito de un empujón y no pierdo pista del camino, memorizándolo pese a que Killian nos sigue a pocos metros. Cuando la carretera se abre y es de dos carriles, su deportivo se nos queda parejo pero no puedo verlo a través de los cristales tintados. Aunque los golpeo sé que él no me ve. Tengo el corazón en la boca y pienso que voy a vomitar a cada volantazo. El deportivo nos adelanta y al mirar atrás veo más coches, coches y montones de coches levantando una humareda entre la tormenta. Todo me da tantas vueltas que sí, voy a vomitar, pero mi cuerpo está rígido, tenso ante el momento. Me peleo contra el cinturón también, tironeo y no cede. —Ponte el cinturón —le digo a Jess—. ¡Ya! Cuando me lo abrocho ella hace lo mismo con el suyo. Justo a tiempo para cuando el deportivo de Killian nos corta la carretera y el coche frena tan rápido que de no ser por el cinturón me hubiera muerto. —¿Pero qué coj...? Me quito el cinturón y meto la mano entre el asiento del piloto y la puerta para subir los seguros de todas las puertas. Casi me caigo con los tacones al salir y eso me quita segundos de ventaja, segundos para que el hombre salga también y me ponga una pistola en la cabeza. —¡A todos nos conviene esto! —grita. De repente estoy siendo el centro de atención de mucha gente, de Roy de su banda, y de Killian y su banda. —Suéltala hijo de puta. Me estoy mojando de pies a cabeza por la lluvia y casi no veo nada por la lluvia, las lágrimas y que he perdido las gafas. Levanto la mano para aclararme la vista pero aprieta más pistola contra mi. —Suéltame, por favor —susurro. —Si lo hago estoy muerto —me dice—. Si yo me voy tú también. —¡Eh! —Roy se acerca, se descubre de la puerta de su coche y se guarda la pistola en los pantalones—. Suéltala. Todo lo que tenemos para j***r a su familia ya está en marcha, ella no pinta nada aquí. —Mi presidente dice lo contrario. —Tu presidente me la suda —la voz de Killian resalta sobre la tormenta y tengo muchas ganas de echarme a llorar aunque ya lo estoy haciendo—. Suelta a mi mujer y ya resolveremos esto. Durante un segundo la pistola tiembla. Yo nunca he dicho que soy su mujer, que soy suya. Sé que las mujeres de las bandas se protegen. Yo nunca he sido fuerte como Killian cree. Miro al frente pero escucho el sonido de la puerta del coche y la grava, y el grito de Jess. Está en el suelo con un tacón roto y el hombre me suelta para apuntarle a ella. En ese momento escucho un sonido tan duro: un disparo, que me llevo las manos a los oídos y me doy la vuelta como si eso me protegiera de algo. Me pitan los oídos y solo escucha el latir desbocado de mi corazón. —¡Dana! No siento nada, no siento dolor. ¿Estoy bien? Estoy bien. La lluvia me sigue cayendo encima y a duras penas puedo poner en marcha mi cerebro. Estoy temblando y casi termino en el suelo cuando doy un par de pasos sino fuera por los brazos tan fuertes de Killian. —Killian —gimoteo y echo mis brazos sobre él, envolviéndolo con tanta fuerza que a mi me duele. —Ya está, ya está... Tranquila —me calma. Empuja mi cabeza contra su hombro y apesar de todo siento el calor de su cuerpo. Ya no sé ni si tiemblo por el frío o por el miedo. Killian me aparta del coche y de reojo veo al hombre tirado en el suelo en un charco de sangre que se expande por la grava. Los tacones se me hunden y Killian me sujeta con más fuerza por la cintura para que no me caiga. Solo me suelta cuando Roy se acerca y puedo caer en otros brazos. —¿Estás bien? —me pregunta y yo asiento—. ¿Te han hecho algo? —insiste y yo niego. —Voy a llevármela de aquí y volveré para resolver toda esta mierda —escucho a Killian. Me coge por la cintura y me aleja de Roy para llevarme a su deportivo. Me abre la puerta del copiloto y al levantar la vista veo a Jess petrificada junto al c*****r de ese hombre. —¿Qué pasa con ella? —dudo. —No me importa. Se me encoge el corazón. A fin de cuentas es una persona... Es Jess. Me hundo en el asiento del copiloto y apoyo la frente contra la ventanilla. Cuando enciende la calefacción el coche tarda poco en calentarse y por fin me puedo quitar los tacones. —No te han hecho nada, ¿verdad? —No. Siento el calor de su mano en mi pierna antes de arrancar y salir de la situación. La tormenta parece hacerse mucho peor a medida que avanzamos en silencio. —Ahora ya sabes lo que es estar secuestrada —bromea. Consigue sacarme una sutil sonrisa. —Me gusta más que me secuestres tú. No llegamos la club, me lleva a su casa del bosque. No quiero que me deje sola. —¿Tienes que irte? —Debería —dice. ¿Debería? —¿Puedes quedarte conmigo? Aunque sea hasta que me duerma. Sus manos me quitan su americana empapada de encima. Sentir el tacto de sus dedos sobre mi piel me hace temblar. Debe de ver mi piel erizada por su culpa y con los nudillos me acaricia el brazo hasta llegar a mi cuello. No he sido valiente como él me dijo. Debería enseñarme. Debería empezar a serlo.
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