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1661 Palabras
KILLIAN Por la mañana seguimos desnudos, su piel caliente está pegada a la mía y me quedaría toda la mañana sintiendo sus tetas apretadas contra mi pecho. Cojo las almohadas del suelo y las coloco para dejar a Dana bien tumbada. —¿Por qué no te quedas un rato más? —pregunta adormilada. Me inclino sobre ella para besarle la espalda. —Tengo que hacer una llamada. Ahora vuelvo. Tardo tres intentos en que me lo coja, pero lo hace. —¿Qué? —me brama. —Deja la resaca y ponte a trabajar en lo que acordamos ayer. Me lo quiero quitar de encima cuanto antes. —Presidente, estoy ocupado con... —No me importa. Primero el trabajo. Me paso días pegado al teléfono pero sin salir de casa, vigilando desde la distancia mientras Dana me hace de todo, hasta chuparme la polla como una experta. j***r. ¿En qué mierda me he convertido? —¡Killian! —grita—. ¡Te necesito! Me levanto del sofá y arrastro los pies hasta la cocina. Está vuelta un remolino alrededor de la comida y me señala la olla. No sabe hacer mucho, está aprendiendo y no me importa, no me importa nada. Ha vivido una vida que no merecía, encerrada y maltratada, aquí conmigo puede hacer lo que quiera. —Lo siento —murmura—. Se me ha volcado la pasta por completo y me he pasado. —No pasa nada. Ha hecho pasta como para toda la banda pero esta vez por lo menos no se le ha quemado. Vuelco la olla sobre la pila y escurro la pasta. Ella se pone de puntillas y me da un beso en el hombro. Esta vez no tengo que fingir tanto que me gusta lo que cocina, no está tan mal a otras veces. Me gusta convivir con ella, es fácil y tranquilo. No creo recordar haber estado tan tranquilo antes. Esa noche, tumbados desnudos en la cama, siento sus dedos dibujando mis tatuajes mientras aún respira agitada. —¿Sigues teniendo mi dinero? —me pregunta. ¿Su dinero? ¿A qué viene esto? —¿Para qué lo quieres? —Para empezar porque es mío y si mañana quiero comprarme algo debería poder hacerlo. —¿Qué quieres comprarte? Resopla. —Nada, es un caso hipotético. —Cuando necesites algo me lo puedes pedir. Vuelve a resoplar. —Eres insufrible a veces —murmura y levanta la cabeza de mi pecho. Está muy guapa así, recién follada y con el pelo revuelto. Me hace sonreír como a un c*****o. —Pero me quieres. Dana también sonríe y vuelve a echarse en mi pecho. Está poco rato en silencio. —De verdad que quiero mi dinero, lo voy a necesitar. —¿Para qué? No lo necesita, lo tiene todo y yo puedo darle más. No lo necesita para escapar de mi. No lo puede usar para eso. —Porque si por lo que fuera quisiera hacerte una sorpresa no voy a pedirte nada a ti. —No me gustan las sorpresas. —No me importa, si yo quiero hacer algo por ti debería poder hacerlo. No voy a discutir esto más. Se da la vuelta y se lleva parte de la sábana con ella y me reiría si eso no nos hiciera discutir de nuevo. Se le pasa rápido, cuando echos mis brazos sobre ella y se acopla apretando el culo contra mi polla. Sabe lo que me hace. DANA No me da lo que es mi dinero, tiene una tarjeta de crédito en la mano la tarde siguiente. —Aquí tienes todo lo que quieres, ilimitado —dice. Yo sé que lo que llevaba en mi mochila no era "ilimitado". Estiro la mano para cogerla pero él la eleva más. —Tienes que prometerme que no vas a hacerme el lío, Dana. No me vas a dejar, no vas a escaparte. ¿El lio? ¿Eso es lo que le da miedo? Me dan ganas de reírme. Yo sería incapaz de dejarlo, ahora que sé lo que es querer a alguien con esta intensidad ni siquiera se me ocurre que las cosas puedan salirnos mal. Pero en lugar de reírme me acerco más a él, me pongo de puntillas y echo mis brazos alrededor de su cuello abrazándolo tan fuerte que quiero que su olor me impregne. —Te quiero, Killian. Siento como se destensa un poco y me envuelve con fuerza. —Yo también te quiero. —Entonces... —separo mi cara de su cuello y le doy un ligero beso en los labios—. ¿Puedo salir con Andrea? Quiere que salgamos de compras. —Todavía no es seguro. —Sus dedos tatuados me pasan el pelo tras la oreja y me deja otro beso y muchos más—. Dame una semana más y lo tendré todo resuelto. —¿Me vas a contar que es lo que tramas? —Voy a comprarle la empresa a Carl. ¿Qué? Esta vez sí que me separo. ¿Comprarle la empresa? Eso es imposible, cuesta millones y él jamás lo venderá. —Eso es imposible —digo. —No lo es. Y cuando lo consiga a él no le va a quedar nada, va a tener que suplicarme por mantener esa vida de mierda que llevan. Con el paso de los días voy entendiendo mejor el plan: Sacarles todo el dinero y las propiedades, saldar deudas... Tener el control legar de una empresa va a hacer que pueda sacar a la banda de tantos negocios ilegales y creo que eso es lo que realmente quiere. El hecho de que quiera tener a mi familia bajo su yugo, suplicándole por cosas y teniendo el control de todo... eso aún me tiene algo extrañada. Se lo merecen, claro que lo hacen, y en parte quiero que sea así. Con el paso de los días veo como Killian va estando más tenso, más gruñón en sus llamadas telefónicas y cada vez vamos más al club a que tenga sus reuniones. Su estrés me crea estrés a mi también. —Esta noche vamos a salir —me dice y me da náuseas ver como coloca dos pistolas sobre la cama—. Te vas a quedar aquí en el club con Andrea y dejaré a un par de chicos vigilando que todo esté bien. —¿A dónde vas? Las tripas se me revuelven y estoy segura de que voy a vomitar. Él ni siquiera me mira mientras sus músculos tensos y su espalda tan ancha se mueven por la habitación acoplándose las pistolas bajo la ropa. —Estaré aquí por la mañana y nos iremos a casa. —Killian... —casi le suplico y estiro la mano hasta su brazo—. ¿Puedes parar un momento y mirarme? Deja de revolver con las armas y se da media vuelta. Hoy tiene otro aura, una carga pesada y amarga que da muy mal presagio. Sus ojos negros destellan con fuego, la barba incipiente que no se ha afeitado le ensombrece el rostro y me da un vuelco el estómago. ¿Se tiene que ir? —¿Tienes que irte? —pregunto y llevo mis manos a sus mejillas—. Quédate conmigo. Sacude la cabeza pero sus manos terminas en mis caderas. —Va a ser solo una reunión —¿Y por qué tan tarde? ¿Por qué vas armado? No me gusta esto. —Va a estar todo bien —me asegura pero no me deja más tranquila—. Lo tengo todo controlado. —Por favor quédate aquí, por favor... Me da un beso en la frente y yo me aferro a él con fuerza. Me tiene que arrancar de él con fuerza para dejarme en la cama. —Duerme aquí y por la mañana habré llegado —me dice, se mira el reloj y termina suspirando—. Venga, tengo un rato, me quedaré hasta que te duermas. Me tumbo debajo de la sábana y me la sube hasta los hombros. Se queda sentado al borde del colchón acariciándome, cierro los ojos pero no me duermo, estoy sujetando con fuerza su otra mano y tiene que batallar no mucho para que lo suelte cuando da la hora. Siento como me besa. —Sé que estás despierta —me dice en voz baja—. Nos vemos en la mañana. Te quiero. —Yo también te quiero. Escucho los motores de coches y motos salir del club, todo se queda en silencio. No hay fiesta en el bar ni chicos riéndose. No puedo dormir, estoy revuelta y creo que de verdad voy a vomitar. Salgo de la cama para bajar a tomar un vaso de agua y me encuentro con Andrea haciendo lo mismo. —¿No puedes dormir? —me pregunta—. Al final te acostumbras a estas salidas nocturnas. —¿Tú qué haces despierta? El agua del grifo llena mi vaso y me siento en una silla frente a ella. Le da vueltas a su vaso de whisky. —Que esté acostumbrada no significa que no me preocupe. Esto por lo menos solo es una "reunión" es peor cuando salen a hacer de sus intercambios, ya sabes, de drogas o armas. Se me remueve más el estómago, el agua ni siquiera me pasa de la garganta cuando tengo que levantarme corriendo al baño de la planta baja y me veo inclinada sobre el váter. —¡Dana! —escucho que grita. Me sostiene el pelo—. Ay Dios, ¿estás bien? A penas vomito algo porque he estado tan preocupada que no he podido comer en todo el día. —Estoy bien, creo... Me limpio la boca y volvemos a la cocina pero ella no deja de mirarme. —Dana... —Estoy bien, de verdad —miento. —¿Hace cuánto que no tienes la regla? >
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