KILLIAN
Ahora con todo lo que sé va estar todo bien para mi banda, para mi, para Dana.
—¿Lo tenemos?
—Lo tenemos —afirmo—. Organiza una reunión en mi oficina.
—¿Para ahora?
—Sí, cuanto antes.
—Vale, presidente. Nos vemos en un rato.
Cuando me quite toda esta mierda de encima todo irá mejor. ¿Cómo coño confié en ese gilipollas para llevar tratos?
—¿Te vas? —Su voz llena la cocina casi en un susurro.
A veces me parece que va a romperse. No tiene ni idea del mundo aunque ella crea que sí, me gustaría mantenerla en la ignorancia.
—Nos vamos los dos al club, todavía no me fio de dejarte aquí sola.
Porque me daría algo si vuelve a pasarle algo. La quiero, j***r si lo hago. Su pelo rubio se balancea largo por su espalda mientras subimos las escaleras y quiero enredármelo entre los dedos y follarla en mitad del pasillo, lo haré esta noche aunque me cuesta contenerme cuando se desviste delante de mi para ponerse ropa abrigada de calle. Si hubiera sabido que esta mujer iba a ser tan mía la hubiera sacado de esa mansión mucho antes.
No dice mucho hasta que estamos a mitad de camino por la autopista.
—Siento lo de anoche —me dice como si las tres veces que me lo ha dicho no hubieran servido.
No quiero que lo sienta. Soy un c*****o y puedo entenderla, sus inseguridad no son su culpa.
—Te he dicho que no pasa nada. Si estás insegura te demostraré lo contrario.
Sus manos, tan pequeñas y suaves se envuelven alrededor de la mía que descansa en su regazo.
—Gracias por todo Killian —dice. ¿Eso es todo? —. Eres el mejor novio del mundo.
No esperaba que nadie nunca me dijera eso.
—Tendré más tiempo para ti cuando solucione toda esta mierda.
Cuando sonríe es una mujer preciosa.
—Me gusta esa idea —dice.
Aparco en el taller entre otros muchos coches de otros presidentes y Dana se pone la capucha de su sudadera para atrevsar hasta el club. Ben es el único que queda a la vista.
—Estamos todos listos —me dice y apunta escaleras arriba—. Andrea te está esperando en nuestra habitación.
Dana me mira y la llevo hasta la puerta. Se planta ahí, dándome la cara y mirándome con sus grandes ojos. Todo esto que voy a hacer es por ella, no por nadie más.
—Ten cuidado, por favor —me pide.
—No va a pasar nada. —Por lo menos no hoy.
Suspira y asiente, unos mechones rubios le caen por la frente y se los aparto, tiene la piel fría y los labios húmedos por esa cosa que se echa. Le saben a fresa cuando la beso y es adictivo, todo en ella lo es. Quiero resolver esto y llevármela a casa a follarla por todas partes.
La siento sonreír y se me pega más, hasta que se frota contra mi polla que ya desea sentirla. Bfff... ¿Tengo tiempo para esto?
—¿Podéis no follar en el pasillo?
Dana me suelta y se intenta esconder en mi mientras Andrea se ríe. Me cae bien y todas esas mierdas pero quiero asesinarla por separarme de mi mujer.
—Se queda aquí contigo unas horas, cuídala —le pido.
—Ya estoy al tanto. Nosotras tenemos mucho que cotillear.
Dana se me aleja, su espalda deja de calentarme el pecho y se pone de puntillas para darme un beso. Es demasiado rápido pero no puedo volver a atraparla.
Dejo a uno de mis chicos vigilando la puerta por si llega a pasar lo que fuera, otros tantos están vigilando el perímetro del club.
DANA
—Veo que os va bien —canturrea Andrea.
—Dijo que me quería, y yo también lo quiero.
—Me alegro por los dos. Os necesitábais. ¡Ven! Ayúdame. Es mi aniversario con Ben dentro de unos días y tengo un montón de cosas que envolver, se me hace imposible porque estamos siempre juntos.
¿Killian y yo vamos a tener de esto? Ni si quiera sé si tenemos un día especial, no recuerdo ni el día que nos conocimos. Ni siquiera tengo mi dinero para poder comprarle algo, o comprármelo yo. Tenemos que hablar de eso y de mil cosas más que siento que no están claras.
Andrea ha conseguido un montón de cosas, demasiadas, pasamos horas envolviéndolas y cuando se ha echo de noche bajamos a cocinar algo aunque ya hay chicas haciéndolo. No me importa tanto el echo de que me ignoren o me miren mal, al final del día y de esa reunión soy yo la que volverá a una casa a solas con Killian. Por suerte Andrea y yo recogemos algo de cena y subimos de nuevo a la habitación. Lo prefiero.
—Esa reunión se me está haciendo eterna —digo.
—¿Sabes lo que quieren hacer?
—No. Killian no me cuenta mucho, dice que quiere tenerme al margen.
—Porque te quiere.
KILLIAN
—¿Cuándo lo haremos?
—Pronto, esos hijos de puta nos deben demasiado.
—j***r sí.
Esto se me está haciendo eterno. Es fácil saber lo que quiero: joderlos, no me importa cuanto.
—¿Tu mujercita no se va a enfadar por hacerle esto a su familia?
—Yo sé lo que le conviene a mi mujer —sentencio y deslizo los papeles hacia uno de los hackers—. Encárgate de vacíar estas cuentas, quiero todo el dinero en metálico aquí, nos lo repartiremos.
No puedo matarlos, no soy tan hijo de puta, pero puedo llevarlos al borde de la miseria, que se sientan unas putas ratas arrepentidas que rebusquen en su propia mierda cómo salir adelante.
—¿Eso es todo? —preguntan.
—Es solo el principio. Cuando tengamos el dinero irá la segunda parte.
Si no puedo joderlos físicamente, joderé mil cosas más. Nunca he poseído una empresa, va siendo hora de que lo haga.
La reunión termina y se quedan todos en el bar poniéndose hasta el culo de alcohol y drogas. Hoy hay alguna que otra tía bailando medio desnuda.
—Espero que sepas lo que haces —me dice Roy—. ¿Crees que va a salir bien?
—Nos vamos a quedar con su empresa y hasta con esa mansión, no me va a salir mal.
—Cuando tú lo tengas todo van a venir a por ti.
—No lo harán, voy a saldar las deudas.
Es lo que voy a hacer. Voy a comprar esa empresa, les voy a quitar la mansión, van a vivir bajo mis normas y cuando salde todas sus mierdas no tendrán nada y yo no tendré problemas, tendré más control que nunca.
—Hasta entonces me voy a quedar por aquí, tenéis buenas mujeres —se pavonea. Sé que las tenemos, he probado a unas cuantas—. ¿Dónde está mi hija?
—No lo sé, voy a buscarla para irnos a casa.
—Espero que sepas que si le haces daño yo voy a joderte a ti.
Lo último que quiero es hacerle daño. Asiento.
—Lo sé. Voy a pedirle que sea mi mujer de verdad.
—¿De verdad? —se ríe.
—Sí, de verdad.
Hablo enserio pero supongo que si conoces lo gilipollas que he sido con las tías suena a una broma mala.
Me da una última advertencia antes de acercarse a una de las strippers y voy hasta la barra. Andrea ni me mira mientras prepara las bebidas.
—Dana está en tu habitación. ¿Qué es eso de que le vas a pedir que sea tu mujer?
—No lo vayas pregonando por ahí.
—¿Cuándo?
—Pronto.
La encuentro sentada en la cama, encogida mientras lee un libro y se coloca las gafas sobre la nariz.
—Has tardado mucho —dice.
—Son jodidas estas reuniones. —Recojo su abrigo del perchero de la habitación y veo como se desliza fuera de la cama para dejar el libro en su sitio y se acerca a ponérselo—. Cuando todo esto se calme nos iremos de vacaciones.
Levanta la cabeza y sus ojos brillan.
—¿A la playa? —solo por cómo me lo pregunta sé que la llevaría a cualquier lugar—. Nunca he estado en la playa.
—A dónde tú quieras.
Sonríe y me coge por las mejillas para darme un beso. Quiero coger y follarla, no me importa dónde, pero se aleja antes de que pueda atraparla.
—¿Nos vamos?
Espero hasta estar en casa pero no hasta llegar a nuestra habitación. Ya la tengo en mitad del pasillo, con sus tetas sacudiéndose delante de mi cara y gimiendo mientras la follo alzada al aire, con sus piernas largas envueltas en mi y apretándome tanto la polla que me he enganchado dentro de ella.
—Killian —me gime.
Sus uñas me arañan la espalda mientras se sujeta. Es una mujer completamente diferente a la que es normalmente, en el sexo se ha vuelto una experta, una mujer que sabe lo que hace y de qué va. Se lo he enseñado yo.
Levanto la cabeza de sus tetas solo para ver lo guapa que está gimiendo, abriendo la boca descontrolada y mirándome tras sus gafas.
—Me vas a matar —le aseguro. Le suelto las piernas y cae al suelo casi temblando—. Date la vuelta —digo y lo hace. Le doy una palmada en el culo y vuelvo a metérsela—. Joder...
Su pelo rubio se sacude en su espalda y no puedo dejar de pensar en lo mucho que me gusta. Estar aquí follando a Dana es mil veces mejor que ponerme hasta el culo en el bar viendo a cualquier otra mujer.
No sé ni como ni en qué momento llegamos a la cama, todo está revuelto y ni siquiera nos dormidos en una buena posición.