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1081 Palabras
Killian no aparece en toda la noche y Roy se queda a dormir en la habitación de invitados mientras yo me como las uñas en el sofá. Son las cuatro de la madrugada cuando escucho su deportivo crujir contra la grava y el sonido de la lluvia. Hace que me levante de un salto y corro hasta la puerta de entrada abriéndola de par en par. Se me moja un poco el pijama y me abrazo a mí misma conteniendo las ganas que tengo de correr a él. Viene hundido en su sudadera empapándose de pies a cabeza y aunque estamos a oscuras yo puedo ver con claridad como el pelo mojado se le pega a la cara y como sus manos grandes y tatuadas tienen heridas. No me importa mojarme, le aparto el pelo de la cara y descubro la sangre que tiene en la ceja (seguramente rota) y un pequeño corte en el labio. —Killian —susurro. —Estoy bien —dice y me aparta las manos de él. —No me alejes —me quejo y vuelvo a tocarlo. No puede esconderse de mi ni en la completa oscuridad de casa—. Ven... Mañana limpiaré todo el desastre del agua y la tierra, ahora solo quiero cuidarlo como él me cuida a mi. Se sienta en uno de los taburetes de la cocina y cuando encuentro el botiquín me pongo entre sus piernas para curarle las heridas. —Deberías haberte quedado conmigo —digo. —Quiero quedarme contigo todas las horas del día, Dana, pero no puedo. Hace que el corazón se me acelere demasiado. —Ahora tengo teléfono. La próxima vez que salgas podrías hablarme. He estado preocupada. Siento como me acaricia las piernas y me pone la piel de gallina. Presiono con cuidado el algodón contra su ceja. —No puedes estar preocupada por estas cosas. Es mi vida y va a ser así. Tienes que adaptarte, ¿vale? —Me estoy acostumbrando. Pero no puedo no preocuparme por ti. Te quiero de verdad. Sus manos se aprietan en mis caderas y sus ojos atrapan los míos. —Yo también te quiero de verdad. Por eso voy a j***r a todos los que te han jodido a ti. Por eso necesito todo lo que tienes aquí —dice y me apunta la cabeza. Espera... ¿Es por esto? ¿Me quiere por lo que sé? —Ya tienes los papeles. —Me sirven, pero quiero más. Dímelo todo y te juro que viviremos más tranquilos. Haré que nadie nunca vuelva a joderte. Te haré feliz. Me hará feliz. —¿Me quieres solo por esto? ¿Por eso me has traído aquí? Frunce el ceño y la ceja le sangra un poco. —¿Qué? j***r no —suelta—. Dana, si te quisiera solo por eso significaría que tú no me importas y entonces no me importaría joderlos tanto. Pero te quiero, j***r si lo hago, me gustas desde que te vi por primera vez en la mansión y para una vez que estoy bien, tú me haces bien y me haces feliz, quiero devolvértelo. Quiero que seas mi mujer de verdad. Quiero que tengas una buena vida aquí conmigo. Ay Dios qué estúpida soy. —Lo siento —¿por qué he dudado de él? Me ha protegido más que nadie—. Lo siento... Me rodea con sus brazos y empuja mi cabeza contra su hombro. —Está bien, no pasa nada. Es tarde y quiero echarme en la cama contigo. Mañana hablaremos mejor. —Lo siento —repito. No quiero fastidiar lo que tenemos, no quiero dudar de lo que sentimos. Quiero, necesito sentirme querida. Killian se baja del taburete y me quita el algodón de las manos cogiéndome entre sus brazos. Me abraza con tanta fuerza que sé que todo está bien, pero no quiero pensar así de negativo. —No lo sientas, yo no debería hacerte pensar así. Vamos a descansar. ¿Roy sigue aquí? Su coche está fuera. —Está durmiendo en la habitación de invitados —susurro. Me besa la frente y solo me suelta para ponerse unos pantalones del pijama. Yo lo observo desde la cama, deleitándome con sus tatuajes y sus músculos. El colchón se hunde con su peso al tumbarse a mi lado y abre los brazos acogiéndome sobre su pecho. Tengo muchas preguntas pero decido esperar a la mañana. --- Roy se va pronto, prometo llamarlo por la tarde y cuando por fin estamos solos siento como me mira con esa intensidad tan suya. —¿Qué pasó ayer? —curioseo. —Problemas de bandas. —¿Por mi culpa? —Tú no tienes la culpa de nada. Intento confiar en sus palabras. —¿Quieres que te diga todo lo que sé? —Me lo quiero quitar de encima. Quiero terminar con esto, quiero que Killian cumpla su promesa y quiero ser feliz, quiero vivir en paz—. Vas a necesitar papel y un bolígrafo. Conozco algunas contraseñas de sus cuentas bancarias. Le hablo de algunos nombres que recuerdo y de los tratos que Carl estaba llevando a cabo. De la reventa de favores y de los chanchullos ligados a las empresas. A veces sé que se enfada. Killian y su banda eran los primeros en hacer tratos con ellos y Carl los ha ninguneado, les debe mucho dinero y estuvo intercambiando información de bandas a cambio de dinero y favores. —Si lo que quieres es el dinero me sé los números de cuenta y las claves de unas cuentas que tienen por ahí fuera del país. —Debería quitárselo pero voy a cumplir mi palabra. Me he quedado contigo y no quiero el dinero. —Dijiste que les dejarías en paz por ese tema. —Y lo hago. Esto es por j***r a mi mujer, no por que me hayan robado. Son venganzas diferentes. —Me gusta eso —admito, las palabras se me resbalan de la boca. Sonríe. —Eres una pequeña vengativa. —No me refiero a eso. Me gusta que digas que soy tu mujer. Killian sonríe más dándole unos golpes al papel con el lápiz. —Haré que te sientas mi mujer. Sé que quiero a alguien por primera vez cuando me preocupo más por él que por nadie. No quiero que le pase nada. No quiero que esto sea temporal. Quiero mantener este protagonismo, ser suya y la protagonista de nuestra historia.
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