13

1871 Palabras
Un par de días después tengo ya gafas nuevas y una maleta por llenar. He estado durmiendo con Killian pero no he movido mis cosas y ahora me enfrento a una pequeña mudanza yo sola. No sé por dónde empezar a guardar y no tengo a Andrea para que me ayude porque está trabjando en una fiesta en el bar. Allí están todos. Mientras, yo me como la cabeza para intentar meter todo en una maleta que me parece tan pequeña. —Deberías bajar a la fiesta. Sonrío y echo la cabeza hacia atrás. —Me dijiste que lo tuviera todo preparado para mañana a primera hora y no he empezado. Sus brazos tatuados se ensanchan cuando los cruza y tengo que hacer fuerza para apartar los pensamientos lujuriosos. —Lo haremos mañana. Ahora quiero que vengas conmigo. —Nunca he estado en una fiesta —admito. —No tienes que quedarte toda la noche. Quiero la banda vea bien a mi mujer antes de que dejemos de vivir aquí. Y hay muchos que no te conocen, tienen que hacerlo para saber respetarte y protegerte si yo no estoy. ¿Si él no está? ¿Qué quiere decir con eso? Tampoco quiero pensar y ser tan negativa. Sé qué tipo de vida es esta y no creo que alguien como yo pueda cambiar eso. Miro al armario abierto de par en par y la maleta abierta sobre la cama. —¿Me ayudarás mañana? —pregunto y él asiente—. Supongo que puedo ir un rato. Con una ligera sonrisa en sus labios tan perfectos Killian me ofrece su mano cubierta de tinta y me envuelve la piel por completo. El bar está lleno de miembros de la banda y de mujeres semidesnudas, y Andrea me pone una buena copa que dice que es de las mejores. Me deja un sabor dulce en la boca. —He escuchado que te vas, presidente. Levanto la cabeza y veo a la chica inclinada sobre la barra con las tetas casi saliéndose de su sujetador. ¿Qué cree que hace? ¿Está ligando con Killian delante de mis narices? Frunzo el ceño y apretando mi vaso con una mano, estiro la otra hasta encontrar la suya. Le doy un ligero tirón y apunto al fondo del bar. —¿Qué es eso? —pregunto, no me escucha por la música tan alta y pega su mejilla contra la mía—. ¿Qué es eso de allí? —Una barra —me responde—. Algunas chicas bailan a lo strippers y el dinero les viene bien. —Oh. No me gusta mucho el ambiente, apesta a m*******a y a alcohol y hace mucho calor para que en la calle esté lloviendo. Killian me echa su brazo por los hombros y con una cerveza en la mano me da una vuelta por el bar presentándome a otros hombres que no conocía. Me sentiría muchísimo más insegura si él no estuviera conmigo. Hay mujeres increíbles, ¿es que nadie es feo aquí? Eso por no hablar de que en algunos sofás de cuero rojo hay sesiones de sexo con ropa. Asco. —¿Estás seguro de que va a hacerse a esta vida? —escucho que le preguntan a Killian. Ha intentado que no lo oiga pero lo hago. Sé que no parezco pertenecer a este mundo pero llevo toda mi vida envuelta en esto y ahora por primera vez creo que estoy feliz. Me gusta estar con Killian y me gusta sentirme como lo hago cuando él está conmigo. —Sí —responde. Yo no estoy tan segura. Le doy un pequeño trago a mi bebida y me apoyo en su pecho. Killian me lleva hasta uno de los sofás rojos del bar y nos sentamos a solas. Yo no he venido en mini vestido como las otras mujeres o super maquillada, de echo estaba lista para ponerme el pijama. —Así que... ¿esto es lo que hacéis todas las noches? —curioseo. —Tenemos mucha mierda encima, necesitamos distraernos de vez en cuando. —¿Seguirás viniendo cuando nos marchemos? Sus ojos oscuros dan con los míos y veo como se humedece los labios. Él es demasiado increíble. —Ya casi ni paso por aquí. Me gusta pasar las noches contigo. —A mi también —admito. Sus dedos se enredan en mi pelo empujándome por la nuca hasta sus labios. ¡Besa tan bien! Su lengua juega con la mía y siento como intenta montarme encima suya, pero aquí no, yo no soy como estas otras mujeres. —¿Por qué no subimos a la habitación? —propongo. Casi me sube en brazos hasta dejarme sobre la cama y es tan rápido, tan desesperado y algo borracho, que gimo sin control. --- Por la mañana me ayuda con la maleta y me tiro otra gran parte del día intentando acoplarme a la nueva casa. —Esta es tu casa ahora, puedes hacer lo que quieras. Hay cámaras que vigilan fuera y seguridad de sobra por si pasa algo. Te enseñaré a manejar algunas armas. —¿Qué? No es necesario... Yo no quiero aprender esas cosas. —Sí lo es. No puedo dejar que te vuelva a pasar nada y estaré mucho más tranquilo si sé que puedes manejar un arma, solo para tu seguridad. Suspiro y cierro las puertas correderas del armario. Lo veo a través del enorme espejo y me tiemblan las rodillas. Mi cuerpo reacciona de una forma única a su presencia. —¿Y no es mejor que te quedes conmigo? Lo veo sonreír y a mi me parece el más guapo del mundo. Sé que discutir de esto no va a cambiar su postura porque él siempre lleva la voz líder. Resignada a lo que tengo pero con el corazón latiéndome en el pecho con fuerza, arrastro los pies por la tarima hasta envolver mis brazos en su cuello. —Estoy contigo —dice. —¿Somos pareja? No sé de dónde he sacado la valentía para preguntar esto. A veces siento que sí lo somos, otras me parece que solo tenemos sexo y que somos amigos. Es raro, raro y que nunca he sentido esto. —Claro que sí —asegura y me gusta esa seguridad que tiene porque hace que yo también la tenga—. Eres mi mujer, lo sabes ¿verdad? —¿Por qué? Sus brazos me levantan sin problema y envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas. Si por mi fuera me pasaría todo el día colgando así. —Porque te quiero. A mi nadie nunca me ha dicho eso y nunca he sentido lo que era querer alguien. Hasta ahora. Yo también le quiero. —Yo también te quiero. Se le infla el pecho, lo siento contra el mío mientras me estrecha con muchísima más fuerza. Siento que a él tampoco se lo dicen desde hace mucho. Somos unos empalagosos el resto del día y a mi me encanta estar sin hacer nada abrazada a él. Estoy aprendiendo a ser una buena novia y a veces me da miedo atosigarlo, pero estoy aprendiendo también a controlar esos pensamientos negativos. —Mañana vendrá Roy —me dice mientras estamos tirados en el sofá viendo una película. —Tengo ganas de verlo. —No deja de tocarme los cojones y si no te ve pronto va a estar jodiendo. Asiento con la cabeza pegada a su pecho desnudo y termino quedándome dormida. Es una de las pocas mañanas en las que nos despertamos juntos en la cama. Siento sus caricias traspasar el límite de su camiseta que uso para dormir y colarse hasta casi rozar mis pechos desnudos. Estoy tan cubierta de su cuerpo que no quiero levantarme. Escucho su teléfono sonar y se estira para cogerlo. —Paso —escucho que dice y el teléfono deja de sonar. Vuelve a sonar y resopla. —Hijo de puta —murmura esta vez y al rato tengo su boca besando cada parte de mi cuello. Me hace gimotear—. Tenemos que levantarnos. Tu padre ya está jodiendo. —¿No podemos quedarnos aquí un rato? Siento su sonrisa contra mi piel. —Hoy no, vamos... —me da un manotazo en el culo y a regañadientes salgo de la cama. Desayunamos juntos aunque todavía tengo el café a medias cuando llaman al timbre y Killian se levanta a abrir. Roy me coge por la cara y me escanea bien. —No la toques así. Los dos hombres se matan con la mirada. —Es mi hija. —No me importa, es mi mujer. No la toques tanto. Sacudo la cabeza y le doy un tour por la casa a Roy, a mi padre, me adecento un poco al pasar por la habitación y el baño. —¿Segura que estás bien aquí? Puedes venir conmigo, vivo en una casa en la ciudad y tengo espacio de sobra para ti. —Estoy bien aquí —le aseguro. —No quiero que te obligue a nada. Rehacemos pasos escaleras abajo. —No me obliga a nada. Killian es muy bueno conmigo. Le quiero. Se lleva las manos a la cara y gruñe. —No me jodas —murmura. Pero no es algo que vaya a cambiar. Estoy enamorada de ese hombre. Cuando pasamos frente a la cocina escucho al voz dura de Killian hablando por teléfono y nos encontramos en la entrada. Está serio y tenso. —Tengo que salir —dice. —¿Qué? —dudo— ¿Ahora? ¿Está...? Se me acerca y enreda sus dedos en mi pelo empujándome contra su boca en un beso tan fugaz y rápido que se me pasa como un suspiro. —Te quedas aquí con él, intentaré volver pronto. —¿Qué pasa? —pregunta Roy. Killian me da un último beso en la frente y sacude la cabeza. —Cosas de mi banda. Quédate con ella. Se va tan rápido que no puedo despedirme en condiciones pero las horas se me pasan rápido cuando Roy me enseña a conducir. Se me da fatal, casi estrello su coche contra un árbol del bosque y terminamos desistiendo los dos. —Va a llover —dice y creo que es una excusa para que deje de maltratar su coche—. Mejor lo dejamos para otro día. Tengo otra cosa para ti. Yo nunca he tenido un teléfono y me cuesta un poco pillarle el truco, pero lo manejo mejor que el coche. El único número que puedo agendar es el suyo: Papá. Se me hace raro pero está ahí, ahora ya no estoy tan desprotegida y podré llamar y charlar con Andrea, y preocuparme por Killian en estas salidas esporádicas. Le llamaría pero ni siquiera Roy quiere darme su número de teléfono. —No puedes ni debes meterte en estas mierdas de las bandas. Contra menos sepas, mejor. No es que quiera saber mucho, en parte estoy bastante bien sabiendo poco de sus trapicheos. Yo solo quiero estar aquí por Killian, porque me siento a gusto en el club y por primera vez puedo ser feliz, todo lo que creo que puedo serlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR