Me despierto desorientada por el ruido y levanto la cabeza del pecho de Seth. Con los ojos pegados por el sueño y entre la oscuridad veo a Claire dar un traspié y se le caen las llaves. Intento enfocar el reloj digital que ella usa como alarma. ¿Las cuatro? ¿Cuatro y media? —¿Claire? —murmuro. Otra cabeza se asoma por la puerta y me alegro de habernos tapado con la fina sábana. —Hola, rubia —dice en voz baja—. Sólo he traído a tu amiga, no veía prudente que caminara a estas horas habiendo bebido. Él también arrastra las palabras, ¿le ha traído en moto? ¿Está loca? Lo que está es muerta de la vergüenza, con la poca luz que entra del pasillo veo que está como un tomate. Ella siempre duerme en la habitación de Joel en la fraternidad, ¿qué está pasando? —¿Habéis venido en moto? —pregun