—¡Venga! Quita esa cara, me pareces que necesitas un poco de esto. Que me sacuda delante de la cara una bolsa con pastillas no me ayuda. Me lo quito de encima, es un gilipollas y se choca con un tío con el que empieza a discutir en mitad de la carretera. Sigo caminando, la música se escucha desfasada y voy detrás de un grupo de tías que no saben andar con tacones. Una casi se cae en el césped de la fraternidad y estoy a punto de reírme; echo el cuello atrás y se me queda a medio camino. > Se me sube el corazón a la boca y antes de lo que me espero ya estoy apartando gilipollas del camino. ¿Qué cojones? ¿Cuál es su puto problema? —¡Eh! —me grita alguien. La puerta de la habitación está cerrada y rebota contra la pared cuando la abro; también está abierta la ventana por la que entra u

