Capítulo 26 La voz de Vania se quebró en un sollozo histérico, pero aun así siguió: —¡Esa puta te manipuló! ¡Seguro te lloró, te rogó, te abrió las piernas para quedarse con tu dinero, con tu empresa, contigo…! —¡BASTA! —rugió Christopher, con una furia tan profunda que el eco retumbó en toda la oficina. Vania se congeló. Elena tembló. Todos guardaron absoluto silencio. Y Christopher avanzó un paso hacia Vania, la mandíbula apretada, los ojos llenos de un odio que jamás había mostrado antes. —Escúchame bien, Vania —dijo con una calma tan peligrosa que las secretarias se miraron entre sí, tensas—. Se acabó. No quiero volverte a ver cerca de Elena, ni de mi oficina, ni de mi empresa. Ni de mí. Ella abrió la boca, pero él levantó una mano y la calló sin esfuerzo. —No digas una palab

