ERIN Termino de echar chocolate a las tortitas. —Más, echa más, a papá le gusta mucho —dice Amelia y me aprieta el bote entre las manos. —Vale vale —digo en voz baja—. ¿Subimos a despertar a papá? Salta del taburete, casi me da un infarto, y me coge de la mano arrastrándome escaleras arriba. Hoy es el cumpleaños de Nick, cumple treinta y trés y llevo toda la mañana haciendo tortitas, descongelando la tarta que metí tras los guisantes y envolviendo el regalo que le he comprado. Además, Amelia le ha hecho mil manualidades en la escuela infantil. Abro la puerta de nuestro cuarto y ahí está, revuelto entre la fina sábana con solo los pantalones del pijama y descamisado. Está muy sexy, eso de ir al gimnasio por las mañanas le sienta de maravilla. Otros años le hubiera dado otro despertar d
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