Finalmente llegó el día del juicio y quería creer que ese presentimiento que había tenido en la mañana, de que todo estaría bien… era real. Tenía que serlo, Alanys me necesitaba, había estado algo callada, pero me miraba demasiado y eso me tenía un poco nervioso y aprensivo, pero aun no conseguía hallar la razón. Mi hermano llegó prácticamente en la madrugada y de inmediato sepultó a mi pelirroja en un apretado abrazo, llamándola “cuñada” y haciéndola sonrojar hasta la raíz de sus cabellos. Yo estaba feliz de que estuviera apoyándome, pero no sabía si vería un éxito inigualable o más bien un fracaso rotundo. Esperaba fervientemente que fuera lo primero. Llegamos temprano al juzgado y le había dicho antes de salir de mi apartamento, que debíamos comportarnos de la manera más profesion

