[CLAIRE] La casa está en silencio cuando entramos. No es un silencio incómodo, sino uno que parece haberse asentado con los años, como si las paredes estuvieran acostumbradas a sostenerlo. La mansión se extiende a nuestro alrededor con una elegancia contenida, sin exceso, pero con una presencia que no se puede ignorar. Todo está en su sitio, impecable, medido… y, aun así, todavía no termina de sentirse mío. Dejo el bolso sobre la consola del recibidor y me quito los zapatos mientras avanzo unos pasos hacia el salón. Las luces bajas del jardín apenas iluminan el exterior, dibujando sombras suaves sobre el vidrio. Aquí no hay ruido de ciudad. No hay distracciones. Solo espacio. Y tiempo para pensar. —¿Te preocupa? —pregunta Adrien detrás de mí. Me giro con calma. —No —respondo—. Pero

